30 nov 2014

La vie en Kep

Bonjour!

Hoy os saludamos en francés, al igual que hemos titulado esta entrada en el mismo idioma, y no tardaréis en saber porqué.

Tal como os contamos la última vez, tras coger unos cuantos aviones fuimos a parar a Phnom Penh, donde pasamos unos días asándonos al sol. Esto hizo que acabáramos un poco cansados física y mentalmente; así que decidimos dirigirnos a un enclave más relajado de Camboya: Kep.

El bus que nos recogió en Phom Penh a las dos de la tarde y en el que debíamos estar tres horas, tardó cinco en dejarnos en la rotonda principal de Kep. La primera media hora en el bus fue, literalmente, un infierno; nos acompañaba un calor sofocante digno de una sauna, que no pudimos aplacar ni con una toallita ni con el agua que nos dieron en el autobús. Sin embargo, iban pasando las horas y bajó la temperatura, pues iba anocheciendo.

Llegamos a Kep cuando ya era totalmente de noche (19:00 aprox.). Teníamos un par de lugares apuntados en los que alojarnos, pero a esa hora decidimos hacer caso a un señor francés que nos recibió en la parada de buses. El hombre venía a publicitar su alojamiento y nos ofreció una habitación limpia con baño privado por doce dólares. Aceptamos su propuesta.

Vistas magníficas desde el asiento de Anna en el bus.
A Anna le encantaron las cortinas del bus; tanto, que se compró unas para poner en casa a su vuelta.
Al menos, las vistas del exterior compensaban un poquillo.
No encontramos mucha resistencia a la hora de conquistar Kep...

Esa noche, mientras paseábamos, nos ocurrió algo curioso: los extranjeros que nos cruzábamos nos saludaban y nos hablaban en francés. También vimos que la carta de algunos restaurantes estaba en francés; e incluso los conductores de tuk-tuk lo chapurreaban. A pesar de que sabíamos que Camboya había sido una colonia francesa, no entendíamos mucho porque aquel lugar era como una pequeña Francia dentro de Camboya. De hecho, seguimos sin entenderlo, pero nos pareció muy curioso. De aquí el título y el saludo de esta entrada del blog.

A la mañana siguiente nos dimos cuenta que el hotel estaba a unos 3 km del pueblo y de la playa principal, así que nos armamos de valor (y agua) y empezamos a andar. Por el camino encontramos el pequeño puerto de la ciudad, que sirve de enlace con las islas vecinas. Anteriormente, nos habíamos informado en relación a esas islas, y lo más destacado que encontramos es que estaban bastante sucias y no tenían mucho encanto, así que decidimos ahorrarnos la visita.

Parece que a uno de los lados le faltan unas cuantas columnas...
Si la alargan un poco más, conseguirán que la pasarela del muelle llegue hasta la otra isla.
Cualquier excusa y lugar es bueno para darse un chapuzón.

Durante un buen trecho bordeamos la costa, y aunque vimos bastantes cabañas con hamacas, no encontramos ni un grano de arena. Como el sol empezaba a picar, nos decidimos por coger un tuk-tuk por un dólar para que nos acercara a la playa principal.

 Muchas cabañas y muy bonitas; pero ¿donde esta la playa?.
Al no ver nadie en ellas, pensamos que tal vez las cabañas serían de decoración...

La playa era de arena fina y clara, y aunque no era muy ancha, lo era lo suficiente como para tender el sarong, dejar la mochila y la ropa antes de darnos un chapuzón. Para que el agua nos cubriera más allá de las rodillas, tuvimos que andar un buen rato, pues es de aquellas playas que no te hundes por mucho que te internes en ella. Tras un rato en el agua y un rato leyendo fuera de ella, decidimos probar las hamacas que tanto abundan en Kep y que sirven de bar improvisado para turistas y gente local por igual.

Aunque parezca una maravilla, la arena de estas playas es un incordio, pues se te pega por toda la piel.
Vigilad que no nos roben nada mientas nos damos un bañito.
Intento de postureo playero.
Postureo realizado con éxito (con fanta de uva incluida).

Para cenar, nos acercamos en tuk-tuk hasta el crab market (el mercado del cangrejo), donde comimos muy bien. No hicimos fotos del lugar porque realmente no tenía nada de especial; pero como ya hemos dicho, allí nos alimentaron bien.

El nuestro segundo día en esa localidad sureña, nos decidimos por descubrir un poco más de los alrededores de Kep, y como hacía buen tiempo, alquilamos un par de bicis por un dólar y medio cada una. Le preguntamos a la propietaria del hostal donde podíamos ir, y nos indicó que para ver zonas más rurales y tradicionales siguiéramos la carretera.

Por fin Edu ha encontrado su lugar en la vida.
Aquí tenéis la vuelta ciclista camboyana.
Aparte de franceses, en Kep también tienen cosas bonitas. 

A decir verdad, no duramos mucho. Eran sobre las diez de la mañana, pero el sol ya picaba, y con el viento en contra no nos costó mucho decidirnos a dar la vuelta. Aún así pudimos disfrutar de campos verdes y niñas sonrientes en su hora de descanso del colegio, así que valió la pena. Ya de vuelta al hostal nos pusimos la ropa de baño, nos montamos de nuevo en la bici, y... a la platja falta gent!

¿Véis al cangrejo?
Aqui os lo ponemos más fácil.

Con el viento a favor, llegamos a la playa en menos que canta un gallo. Nos tiramos al agua sin pensarlo dos veces, y una vez en remojo nos sentimos como nuevos. Decidimos comer en un restaurante de comida local situado cerca de la playa. Tras el baño y una sopa de fideos, regresamos a nuestro alojamiento; pues Anna no podía saltarse su siesta de rigor.

Vamos a atar las bicis porque no nos fiamos mucho de vosotros. 
Esto si que es ponerse moreno.
Vaya, esto es como tener una playa privada.

Ya por la tarde, decidimos ir a visitar un lugar del que nos habían hablado: un hotel abandonado devorado por la naturaleza. Tras andar un buen rato, y cuando ya pensábamos que nos faltaría poco para llegar, encontramos un cartel que indicaba que el hotel se encontraba a unos 3 km. Como faltaba poco para anochecer y nos encontrábamos en una solitaria carretera de tierra y sin iluminación alguna, decidimos dar media vuelta. Al menos, por el camino nos distrajimos con las vacas que campaban a sus anchas por el pueblo (cosa bastante habitual en este país).

Regla número 1: si el lugar que vas a visitar no aparece siquiera en el horizonte,
es mejor dar media vuelta.
El monumento a la independencia de Camboya que no sabemos qué representa
Edu haciendo nuevos amigos.
Esta niña siguió en dirección al famoso hotel, suponemos que aún estará en camino.
Anna se tomó la revancha y también hizo nuevos amigos.

Elegimos el restaurante del pequeño puerto para ir a cenar, pues se encontraba cerca del hotel y no teníamos ganas de pasearnos demasiado, ya que al día siguiente tocaba madrugar.

A las 7:30 de la mañana siguiente ya estábamos en la carretera principal de Kep, esperando que pasara el autobús que debía llevarnos de vuelta a Phnom Penh. Como no podía ser de otra manera, el bus llegó tres cuartos de hora tarde. Como mínimo, el trayecto hasta la capital camboyana no se nos hizo muy pesado.

¿Te han abandonado, chico?

No volvimos a Phnom Penh para quedarnos, pues nuestro siguiente destino era Siem Reap, donde sólo podíamos llegar pasando antes por Phnom Penh. Para ahorrar una noche de hotel, decidimos comprar un billete para ir a Seam Reap en bus nocturno, ya que el trayecto hasta allí dura unas 7 horas, por lo que llegaríamos de buena mañana. El precio del billete eran menos de diez euros por persona.

El horario de salida del bus que reservamos estaba estimado para las 12 de la noche, y en aquel momento eran las 12 del mediodía, lo que significaba que teníamos casi todo el día por delante antes de que nos tocara irnos. Pero antes de hacer cualquier cosa, dejamos nuestras mochilas en una oficina de una compañía de buses; no era plan de ir dando vueltas con aquellas moles en la espada. Por cierto, aún no os hemos dicho cuánto pesan nuestras mochilas; según las básculas del aeropuerto, aproximadamente cargamos unos 13kg cada uno.

Las moles necesitaron un tuk-tuk propio.
Hemos llegado a pasar por lugares en los que hay que agacharse para no tocar los cables de tensión con la cabeza
(no es coña).

Aprovechamos para visitar un lugar al que no habíamos ido la primera vez que estuvimos en Phnom Penh: el Russian Market, imprescindible según nuestra guía. Precisamos de un tuk-tuk para llegar hasta allí, pero eso no fue problema, pues en Phnom Penh el transporte es bastante baratillo. Al adentrarnos en el mercado nos vimos en mitad de un laberinto de tiendas en las que se vendía una infinidad de productos. Los vendedores debían servirse de los pasillos para exhibir parte de su mercancía, pues las tiendas eran muy pequeñas y estaban a rebosar de género. Aquello provocaba que los ya de por sí estrechos pasillos del mercado fueran difícilmente transitables. Pese a todo, y dejando aparte el sofocante ambiente del lugar, pasamos un rato bastante entretenido. Anna disfrutó viendo ropa, artículos de papelería, souvenirs y muchos otros cacharros inútiles, mientras que Edu se quedaba embobado con las figuras de madera que representaban dioses hindúes.

El pasillo principal (y más ancho) del Russian Market.
Aquí podías venir tanto a desayunar como a comprarte tu vestido de novia.

Como estábamos en Phnom Penh, no podíamos dejar de ir al paseo marítimo, lugar de visita diaria obligatoria en los días en que estuvimos allí anteriormente. Pasamos por la plaza situada delante del Palacio Real y disfrutamos de un rato de lectura relajada en el césped.También aprovechamos para visitar de nuevo a nuestro amigo Huily (el amigo de Rebeca) y comer alguna cosa en el restaurante donde trabaja.

Edu rompiéndose la cabeza mientras lee 'los tres monjitos'.
Hasta la vista Norodom Sihamoní
(esperamos que no hayáis olvidado el nombre de nuestro rey camboyano).
Los mini-budistas. 
A meternos de cabeza en el follón. 
¿Habéis visto que foto tan mística nos quedó?
Aún no sabemos si aqui se vendían flores, comida, o flores para comer.

Tras cenar, aún nos quedaba bastante tiempo hasta que fuera la hora de subirse al bus, por lo que fuimos dando un paseo hasta otro mercado de la ciudad: el Night Market. Éste era un lugar totalmente distinto al otro mercado, pues era muy espacioso y se encontraba al aire libre. Sin embargo, no disponían de una oferta tan variada. Al menos, pudimos dar una vuelta agradable que nos sirvió para hacer un poco de tiempo. Al salir de allí, vimos que estábamos justo al lado del lugar desde el que saldría nuestro bus, por lo que nos quedamos allí.

Última parada en Phnom Penh: Night Market

Anna, como buena marmota, no tuvo problemas en dormir en un banco hasta que llegó nuestro transporte. Sabíamos que nuestro autobús contaba (en teoría) con camas, pero no queríamos hacernos ilusiones, pues la experiencia vivida hasta entonces nos decía que no debíamos esperar nada del otro mundo. Sin embargo, al subir al bus nos llevamos una agradable sorpresa, ya que disponíamos de una cama en la que cabíamos ambos y en la que Edu podía estirarse sin sacar el pie por la ventana ¡Increíble! Además, se estaba bastante cómodo para ser un autobús. Con todo, no tardamos en dormirnos, y una vez nos despertamos, ya nos faltaba poco para llegar a Siem Reap. Pero eso es harina de otro costal, así que lo dejaremos para la entrada que seguirá a esta.

No era el bus nocturno que aparece en Harry Potter, pero se le parecía bastante.
Y ¡Saludad al pie! (parte 3)

Solamente os diremos que Siem Reap es uno de esos lugares que teníamos marcado en nuestro mapa como "totalmente imprescindibles". El motivo de esto es que cerca de allí se encuentra la ciudad perdida de Angkor, que acoge el monumento religioso más grande del mundo. No os diremos más, pues hay mucho que decir y no acabaríamos nunca, así que mejor lo dejamos para la próxima y de mientras os ofrecemos esta pequeña muestra.

Aquí donde lo veis, éste es uno de los templos más pequeños de Angkor.
Sin embargo, la persona que veis, es la más grande de la historia.

¡Pero no os vayáis todavía! Aún os tenemos que informar de quien es el ganador de nuestro concurso anterior. Sin embargo, antes de proclamar al vencedor, queremos felicitar a todos los que habéis concursado, pues os proponíamos un reto muy difícil y se necesitaba de mucha suerte para adivinar lo que os preguntábamos. Aún así, no vamos a desmerecer a nuestro flamante ganador: ¡David Millán Romero!
Como ya es la segunda vez que se proclama vencedor, intentaremos conseguirle un premio que se corresponda a su gran habilidad como concursante.

En cuanto al otro premio que tenemos pendiente, el de Berta, os diremos que, como siempre, estamos esperando a que se presente la ocasión propicia para brindarle una recompensa digna.

Ahora sí, para acabar ¡Más fotos! Kep, 18 de Noviembre y Phnom Penh 2, 21 de Noviembre

¡Que os vaya bien!

4 comentarios:

  1. Hola pareja! Por fin descansasteis en una playita d verdad y encima privada...vaya lujo. Lo del autobús con camas mola, todo un lujo asiático jeje. Lastima d concurso...Ivan estaba emocionado por si ganaba jeje. Bueno chicos pasarlo muy bien y seguid asii. Nosotros seguimocurrando y esperando la próxima entrada. Un besazo dsd Spain!

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  2. Doncs el monument a l'independencia està molt clar que representa no? I els camps de mines? I els tunels del Charlie? e.e?

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  3. "Vigilad que no nos roben nada mientas nos damos un bañito.",Això és el que us hauria dit jo !!! hahahaha
    Sembla que les motxilles van agafant pes !! sort que no camineu gaire amb elles!
    Un petó molt gran... bé millor dos petonassos !!! Elisa

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  4. Uoooh!! Edu romanticon con la persona mas grande la historia!! Live is in the air!! Genial como siempre el blog! :)) por cierto, caa vez sois mas profesionales de las fotos enmarcadas eh?! Cuando volvais sereis autenticos masters del tema! Muchos besoooos!!!

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