26 nov 2014

La perla y la sombra de Asia

¡Saludos a todos de nuevo!

Tras nuestro paso por Indonesia y Malasia, el siguiente destino en nuestra lista era Camboya. Sin embargo, y tal como ya os adelantamos, antes de llegar a Camboya nos tocó hacer escala en el aeropuerto de Kuala Lumpur.

Parece que alguien se va a quedar sin cabeza...
No sabíamos que para llegar a Camboya tendríamos que pasar por el espacio exterior.

Aunque normalmente no se aprecie, el poder volar por encima de las nubes es algo espectacular.

Tras dos horas de vuelo y unas cuantas cabezaditas, llegamos a Phnom Penh, la capital de Camboya; una ciudad que tiempo atrás fue conocida como 'la perla de Asia' por su encanto. Por desgracia, los sangrientos acontecimientos que tuvieron lugar en las últimos décadas empañaron el nombre de la capital y del país.

Phnom Penh (tardamos dos días en aprender a escribirlo correctamente) nos recibió con los brazos abiertos desde el primer momento (a excepción de los antipáticos agentes de aduanas del aeropuerto). La primera impresión que nos dio fue de que estábamos de nuevo en Indonesia, pues en cuanto el tuk-tuk (carro tirado por una moto) que nos llevó al hotel salió a la carretera, nos topamos con un bastante trafico caótico. También volvimos a ver las sonrisas de la gente que tanto encontramos a faltar en Malasia.

Algo que nos sorprendió es que el dólar, a pesar de no ser la moneda oficial, es la que habitualmente usan los camboyanos. En Camboya tienen su propia unidad monetaria, que es el Riel Camboyano, pero normalmente sólo se usa para pagar cantidades inferiores a un dólar. El motivo de eso no es que su valor sea muy bajo, porque, por ejemplo, está mucho mejor valorado que la Rupia Indonesia.

Pobre Edu, se piensa que es moda llevar la mochila delante.
Anna aún no se había recuperado de su cabezadita.
Apartaos si no queréis que os atropellen.


En menos de dos minutos ya nos dimos cuenta de que habíamos llegado a un lugar realmente bonito. Por el camino pasamos junto a gran cantidad de edificios majestuosos que se situaban entre las bulliciosas calles de la capital. Una vez nos hubieron dejado en el hotel que nuestra guía hotelera (booking.com) nos había recomendado, el recepcionista nos dijo que ya no le quedaban habitaciones mixtas disponibles; por lo que si queríamos quedarnos allí teníamos que estar separados. Preferimos buscar otro alojamiento, así que nos pusimos manos a la obra. El siguiente problema con el que nos encontramos fue que los hoteles por los que pasábamos eran realmente caros. Cuando ya pensábamos que alojarnos en Phnom Penh supondría la mayor de las ruinas económicas, fuimos a dar con un hostal en el que las habitaciones salían a 7 dólares la noche. La verdad es que no nos lo creíamos, porque a pesar de que las habitaciones no eran nada del otro mundo, a primera vista no parecía que estuvieran mal. Obviamente decidimos quedarnos allí.

Acto seguido, y tras dejar los mochilotes, fuimos a dar la vuelta de reconocimiento de rigor. No tardamos en empezar a cruzarnos con bastantes grupos de jóvenes monjes budistas. Nos sorprendió bastante, pues no esperábamos encontrarnos a tantos monjes paseando por la calle (ya que en nuestra tierra no te sueles encontrar en cada esquina a grupillos de curas vestidos con el hábito). A pesar de ese aire místico que la gente le ve a todo lo que rodea el budismo, nosotros os podemos decir que, como personas normales y corrientes que son, hay monjes de todo tipo; los simpáticos que no tienen problema en hacerse una foto, los que te ponen cara de sicario a modo de negativa cuando les pides fotografiarte con ellos, los que no apartan la mirada de la pantalla de su móvil de último modelo, los que a pesar de ser antimaterialistas llevan un bolso en el que cabría una casa, etc.

No sabemos si el monje de la derecha es humano o es un fantasma que se coló en la foto.
Ningún moje quería ser amigo nuestro, todos nos daban la espalda.

Antes de ir a cenar llegamos a la orilla del río que bordea la parte este de la ciudad, y a lo lejos vislumbramos algo que parecía una feria, con sus luces de colores y grandes atraciones. Qué equivocados estábamos; pues resulta que lo que habíamos visto era el retrato del rey actual, Norodom Sihamoní, y la iluminación del Palacio Real.

Al acercarnos hasta la plaza real, situada justo enfrente del palacio, vimos que en todos lados habían retratos inmensos del rey. Sobre el césped de la plaza había cantidad de gente haciendo picnic. A pesar de que la decoración del lugar era algo cutre (sobretodo por los retratos iluminados del monarca), allí se respiraba una ambiente muy agradable.

Os presentamos a nuestro rey actual, Norodom Sihamoní.
Aunque no se pueda apreciar muy bien, delante vuestro tenéis los retratos de la familia real camboyana.

Como llevábamos varios días sin descansar como era debido, nos fuimos a dormir sin programar el despertador. Eso hizo que a la mañana siguiente nos despertásemos a mediodía, cuando ya era la hora de comer. Nos paseamos por nuestro barrio y acabamos en un callejón con varios puestos callejeros. En una de las paradas vimos que ofrecían una gran variedad de salchichas camboyanas, y como nos parecía que tenían muy buena pinta, decidimos probarlas. No estaban nada mal, y fue una buena aproximación a la comida khmer (significa de nacionalidad camboyana).

¿No os suena de algo esta vendedora?
A pesar de la cara deplorable que pone, Edu se dio un buen festín.

Tras recargar pilas, nos dirigimos al Royal Palace, donde una muchedumbre esperaba que se produjera la apertura de puertas. El Royal Palace es la residencia oficial del rey de Camboya desde su construcción en 1860, y por esa razón algunos de sus recintos están cerrados al público. Compramos las entradas tras unos pocos empujones; y cuando nos disponíamos a entrar al recinto, uno de los guardias miró a Anna de arriba abajo y señaló sus pantalones: "Too short" nos dijo; demasiado cortos. Así que tuvimos que dar la vuelta y volver al hotel a por pantalones largos. Suerte que estaba cerca.

Os presentamos al substituto camboyano del bemo; el tuk-tuk.
Creemos que esos tres monjes se compraron sus paraguas en la misma tienda.
Royal Palace, no te escondas, que ya te hemos visto y vamos a por ti.

Ya con los pantalones largos, el guardia nos dio el visto bueno y nos adentramos en la maravilla arquitectónica del palacio real. Había templos dedicados a buda (en los que no se podía tomar fotos), pabellones de baile, el salón del trono, y muchas más estancias.

Edu con pose de haber sido disparado.
La princesa de palacio.
Aunque esta torre no era nada del otro mundo, creemos que la foto nos quedó muy chula.
Monjes por todas partes.
Aunque en las fotos no salgan más guiris,
os podemos asegurar que el Royal Palace estaba a reventar.
La verdad es que el rey camboyano no se puede quejar de la casa que tiene.
¡Vamos palacio! Si te estiras un poco más llegaras al cielo.
Como no sabían como llenar ese hueco, metieron a un elefante.

Con la visita a la mayor atracción de la ciudad realizada, fuimos al bonito paseo que bordea el río (al igual que el día anterior), donde estuvimos hasta que nos dio la hora de cenar. Era un paseo tranquilo, bonito y lleno de gente que disfrutaba de una noche de verano. En uno de los restaurantes que se encontraban en la calle del paseo, conocimos a Huily, el chico que felicitó a Rebeca (ver la entrada de este blog titulada 'Una ciudad llamada Gato'). A pesar de que el chico debía tener como mucho 13 años, estaba trabajando de camarero en el restaurante donde cenamos.

En este paseo descubrimos banderas nacionales que no habíamos visto nunca.
Sí, tenemos fijación en fotografiar a los monjes.
Tranquilos, Edu aún no se ha convertido al budismo.

Al día siguiente nos levantamos a una hora decente, pues teníamos pensado ir a un museo llamado Tuol Sleng. Se trata de un antiguo prestigioso colegio que los Jemeres Rojos convirtieron en una prisión cuando se hicieron con el gobierno de Camboya (la cual entonces paso a llamarse República de Kampuchea). Preguntamos en nuestro hotel si era posible llegar andando hasta el museo, pero lógicamente nos dijeron que no porque estaba muy lejos, y que era mejor ir en tuk-tuk. Aún así, preferimos preguntar a que infinita distancia se encontraba Tuol Sleng, y cuando nos respondieron que estaba a 2 km, decidimos ir andando.

A decir verdad, la elevada temperatura de aquella mañana no hizo la caminata muy agradable. Pero como la mayoría del trayecto transcurría a través de una gran avenida con multitud de establecimiento, cada poco rato parábamos para curiosear, por lo que de paso nos resguardábamos del calor gracias al aire acondicionado de las tiendas. Cuando nos faltaba poco para llegar a Tuol Sleng, nos perdimos. Entramos en una tienda para preguntar donde se encontraba el museo. Uno de los trabajadores se ofreció a llevarnos a los dos en su moto, y nosotros aceptamos, pues sabíamos que el lugar al que íbamos se encontraba cerca. Efectivamente, tras recorrer unos cien metros y doblar una esquina, llegamos al museo.
Esta gente hace de sus motos su casa.
Cómo pasar desapercibida en Camboya.
Las "paneras de nadal" han llegado a Phnom Penh. 

Para poneros en situación, os diremos que los Jemeres Rojos (jemer es el nombre de la etnia predominante en Camboya) eran un grupo extremista de revolucionarios maoístas, los cuales llevaron a cabo el 'Genocidio camboyano', que derivó en la ejecución de una cuarta parte de la población de su país (2.300.000 víctimas aprox.). Los Jemeres Rojos desarrollaron una política agraria radical; evacuando a todos los habitantes de las zonas urbanas hacia el campo, donde la gran mayoría de ellos fueron obligados a realizar trabajos forzados. El régimen eliminó literalmente la presencia de masas en las urbes, y declaró a los habitantes de las ciudades como enemigos del estado. Entre otras medidas, acabaron con cualquier forma de arte, cultura y religión. Hicieron desaparecer todo lo que tuviera alguna relación con el pasado (incluida su propia moneda), e instauraron el 'Año Cero Camboyano'.

Los Jemeres Rojos veían la cultura como un mal y consideraban que el lugar de la población se encontraba en el campo; por lo que, siendo consecuentes con sus ideas, clausuraron las escuelas del país e hicieron que se instalaran centros de tortura en ellas. En estos complejos se llevaba a cabo la denominada como 'búsqueda del enemigo oculto'. En Phnom Penh se encontraba la más famosa de estas prisiones en las que interrogaban, torturaban y asesinaban a las gentes de Camboya. Éste centro era conocido como Tuol Sleng (que significa 'colina de los arboles venenosos'), y al convertirse en prisión pasó a ser conocido como S-21; sin embargo los campesinos que vivían cerca de allí se referían al lugar como 'el sitio en donde se entra pero no se sale'.

Como ya os hemos comentado antes, Tuol Sleng es a día de hoy un museo, en el que se puede rememorar parte de las tragedias que ocurrieron allí entre 1975 y 1979 (período en el que los Jemeres Rojos ocuparon el poder).  Desde fuera, el lugar ya transmitía una aire bastante lúgubre, pero una vez estuvimos dentro, lo que vimos superó cualquier cosa que pudiéramos haber imaginado.

El antiguo colegio que se convirtió en prisión.
A pesar de que había muchos visitantes, el silencio reinaba en el lugar.

Muchas de las habitaciones del complejo se mantenían casi iguales a cuando eran usadas para torturar y ejecutar a los presos. Vimos algunas de las camas en las que encadenaban a personas, parte del material con que las torturaban, fotografías en las que aparecían los cuerpos sin vida de los reclusos, e incluso manchas por el suelo y las paredes que eran la huella dejada por la sangre de las víctimas. No tomamos fotos de ciertas cosas porque realmente eran espeluznantes, por lo que las fotos que os mostramos a continuación son aquellas que hicimos pensando que no herirían de forma impactante vuestra sensibilidad.

Una de las habitaciones donde tuvieron lugar todo tipo de atrocidades.
Estas eran las normas de comportamiento que los presos de la S-21 debían acatar.
Pudimos ver fotos tanto de las víctimas como de los Jemeres Rojos.
Mujeres combatientes con el ejército de los Jemeres Rojos.
Una de las cosas que más nos impactó hacía referencia a los intelectuales, los cuales también fueron sistemáticamente considerados como enemigos del régimen, por lo que eran asesinados junto a sus familias. A ojos del estado, para ser intelectual bastaba con llevar gafas o hablar una lengua extranjera; es decir, que si alguien cumplía uno de estos dos requisitos, él y sus familiares eran condenados a muerte.

Allí descubrimos más información que no sólo hacia referencia a la prisión. Por ejemplo, pudimos leer que a 17 km de la capital camboyana se encuentra la que fue una de las principales zonas de exterminio del país, conocida como 'Centro de genocidio'. Allí asesinaban a la mayoría de los condenados mediante contusiones o usando armas blancas, ya que de esta manera ahorraban munición. Las víctimas podían ser desde recién nacidos a ancianos.

El interior del recinto tenía un aire realmente sobrecogedor.
Una de las minúsculas celdas donde encerraban a los presos.
La vista desde Tuol Sleng.

Volviendo a las víctimas de la prisión, se calcula que unas 20.000 personas murieron durante el tiempo que estuvo activa, y cuando llegó el ejército de liberación vietnamita solo se encontraron siete supervivientes. A lo largo de los años han ido apareciendo otras personas que lograron esquivar a la muerte en la S-21, aproximadamente unas 100. Sin embargo, solo los siete primeros se llevaron la fama. Nos sorprendió ver a dos de esos siete supervivientes en persona en un puesto situado en el interior del recinto donde experimentaron un infierno en vida. Por lo visto, cada día están allí, sentados cada uno en un pequeño puesto en el que venden libros en los cuales se recogen sus atroces memorias. Uno de los dos hombres, que ya eran ancianos, habló brevemente con nosotros y nos explicó que los Jemeres Rojos asesinaron a su mujer.

La verdad es que estábamos muy impactados; y más lo estuvimos cuando supimos que el principal líder del régimen, Pol Pot, murió en 1998 sin llegar a ser juzgado. La mayoría de los demás líderes de los Jemeres Rojos que aún viven, están pendientes de recibir su sentencia por los crímenes que cometieron, pero es probable que mueran antes de ser juzgados, pues ya son bastante mayores y sufren problemas de salud. Decir que es indignante es quedarse muy corto.

Parecía que aquel antiguo instituto se había quedado nuestras fuerzas, así que fuimos a comer para recuperar energías.

Por la tarde fuimos a ver otro templo conocido de Phom Penh, el Wat Phom (en khmer, pagoda de la montaña). Este templo budista fue construido en 1373, y con sus 27 metros es la estructura religiosa más alta de la ciudad. Sabíamos que para entrar se debía pagar, pero también vimos que el lugar no estaba muy vigilado, así que nos hicimos los longuis y entramos sin pagar. Pudimos pasear un poco antes de que una señora nos dijera que no podíamos estar allí sin la entrada correspondiente.

Esto es la gran campana de Phnom Penh.
Los budistas, en su cabezonería, siguen haciendo las campanas de piedra...
Edu no se atrevía a pasar entre estos cuatro leones;
costó hacerle entender que los animales eran de piedra.
Somos tan ratas, que preferimos colarnos a pagar un dólar.

Por la noche, como no, paseamos por la orilla del río disfrutando del atardecer.

Edu empanándose con cualquier cosa.
¿Nuestro último atardecer en Phnom Penh?
Edu en el país de los gnomos.
Nada como un buen coco para refrescarse del abrasador clima camboyano.

El día después nos subimos a un autobús que nos llevó a Kep, una preciosa y tranquila ciudad costera situada al sur de Camboya. Pero eso lo dejamos para la próxima entrada. De momento tendréis que conformaos con un pequeño adelanto.

¡Nos vemos en Kep!

En la siguiente entrada también proclamaremos al vencedor del último concurso, por lo que los que no hayan participado aún pueden hacerlo comentando en la entrada anterior.

Para los que se hayan quedado con hambre de fotos: Pnom Penh 15NOV

¡Que vaya bien!

3 comentarios:

  1. Hola pareja! Pues tiene buena pinta esa ciudad, mucho templo y monje budista. Anna mira q ir enseñando cacha en el palacio..ya te vale...pobres monjes con lo tapados q van ellos. La escuela/cárcel espeluznante, mejor no hablar de ello. Edu te veo pelin delgado, Anna darle mas d comer a ese chico! Jeje. Mmm lo de la costa me mola...a ver esas playitas asiáticas. Sigo partiendo me de risa con los comentarios d las fotos...jajaja. Seguir descubriendo y disfrutando de esos calurosos paraísos, aquí cada día mas congelados...muxos bss dsd Madrid d parte d toda la Family.

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  2. Apoyo la moción, Edu come más! Y cuidadito con mentar a Pol Pot e.e

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  3. Hola guapets!
    Jo volia guanyar el concurs... Una altra vegada serà!!! Cada vegada esteu més morenets eh... i vaig veient que aneu agafant el súper marc de fotos que us vam regalar la rebe i jo(: que xules les platjes... cada vegada em venen més ganes de venir, però ara ja està tot fet, només queda esperar al dia 21 de gener.
    PD. La frase de a la platja hi falta gent la clava!
    Molts petonets,
    Laura

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