Hemos usado el título de la obra ficticia escrita por Bilbo Bolsón para titular esta entrada, ya que aquí os explicaremos como nos fue desde nuestra salida de Kota Kinabalu (3 de noviembre), hasta que regresamos a esa misma ciudad (8 de noviembre). Durante esos días visitamos el Parque Natural del Monte Kinabalu y la ciudad de Sandakan (que no Sandokán) con sus reservas de animales. Hay que decir que no teníamos planeado volver a Kota Kinabalu, pero últimamente le hemos cogido el gustillo a improvisar y a saltarnos el itinerario previsto.
Al día siguiente de ir al cine, nos acercamos a media mañana a una estación secundaria de autobuses para localizar el minibus que nos llevaría a los pies del monte Kinabalu. En Malasia, como en Indonesia, los buses no tienen horarios de salida; una vez se llenan de gente, se ponen en marcha y paran donde y cuando una persona lo solicita. Nos esperaban dos horas de bus que nos tomamos con humor pese a estar recluidos en pequeños asientos.
Aunque no quieran llamarlo de la misma manera, esto es un bemo com una casa de pagès.
Edu dándoselas de culto.
A medida que avanzábamos, vimos que la carretera empezaba a estrecharse y a subir por las montañas. Cada vez había más niebla, más subidas. El bus reducía cada vez más la velocidad. Y para acabar de redondear la fiesta, empezó a llover. Al menos, la niebla le daba un toque al paisaje que nos permitió disfrutar de unas vistas dignas de cierta novela de Bram Stoker (¿Adivináis cual?).
Parecía que el cielo se nos iba a caer encima.
Al final solo nos cayó la lluvia.
Habíamos avisado al conductor de cual era nuestro alojamiento y, unos quinientos metros después del cartel que indicaba la entrada al parque natural del monte Kinabalu, nos paramos en el D'villa Rina Ria Lodge.
Este bien podría ser el escenario de una película de miedo.
United States of Malaysia.
Tras dejar las mochilas en el cuarto, fuimos al restaurante que tenía el hotel. Nos zampamos una buena hamburguesa mientras nos deleitábamos nuevamente con la increíble naturaleza salvaje que veíamos a nuestro alrededor.
La luz de este ángel eclipsa el paisaje de fondo.
Ah, no, era solo niebla.
Edu haciendo amigos malayos.
El plan para ese día era ir al parque natural del monte Kinabalu para ver qué posibilidades de rutas ofrecía para los dos días siguientes. La actividad estrella en el parque es la ascensión al monte Kinabalu, pero se está obligado a hacerlo en dos días (pagando una noche de alojamiento en el parque), pagar un guía, un seguro, un permiso… y como podréis suponer, todo esto cuesta un dineral considerable. Lo mejor de todo es que los propios trabajadores del parque reconocen que en un día hay tiempo para subir hasta la cima del monte y regresar; pero claro, te obligan ha hacerlo en un mínimo de 2 días para poder cobrarte más.
Igualmente, ese día no pudimos ni acercarnos al parque, ya que nada más llegar al alojamiento comenzó a diluviar. Durante el resto del día, la lluvia no cesó ni un sólo minuto, por lo que nos quedamos en el alojamiento mirando alguna serie, haciendo un poco de blog, etc.
Por suerte, el siguiente día se nos presentó con un sol deslumbrante. Desayunamos rápido y fuimos directos al parque, pues aunque hacía un día radiante, sabíamos que de un momento a otro nos podía caer otro diluvio encima. De hecho, la previsión meteorológica para aquel día (y para el resto de la semana), era de lluvia.
Bienvenidos al gigante del sureste asiático.
Listos para empezar la caminata.
El color del jersey de Anna facilitó el rescate en helicóptero al cabo de dos horas.
Decidimos adentrarnos por los caminos que recorrían la parte baja del parque. Esos caminos no están prácticamente transitados, ya que la mayoría de visitantes del parque recorren la parte inferior del mismo por carretera, para así poder emprender el ascenso al monte desde el punto más elevado posible.
¡Vamos allá!
Mientras el sol nos acompañó, pudimos movernos sin problemas por el bosque; los caminos de tierra nos guiaron entre palmeras, plantas exóticas y vistas deslumbrantes. Olía a frescura; y sin nadie en el camino disfrutamos de unas horas de tranquilidad y de contacto con la naturaleza.
La montaña no era lo único inmenso en ese lugar.
Una flor presumida e inmaculada recién duchada.
Esta estatua nos la encontramos varias veces durante el día.
Si te subes por ese tronco acabas llegando al cielo.
Por mucho que Anna intente librarse de Edu echándole rocas gigantes por la cabeza,
hay que tener en cuenta que 'bicho malo nunca muere'.
Empezó a llover cuando llegamos al final del camino, sobre las doce del mediodía. Fue entonces cuando decidimos dar media vuelta y emprender el camino de vuelta hacia el hotel; pues aún nos quedaban siete quilómetros y por experiencia sabíamos que podía llover la tarde entera.
Para bajar decidimos coger un camino secundario (señalizado como tal) que bordeaba el río, pues la opción de seguir la carretera no nos convencía. Sin embargo, tuvimos que caminar un rato sobre asfalto para poder llegar al camino.
Si algún día os encontráis a esta chica haciendo autostop, no la recojáis bajo ninguna circunstancia.
Al poco de empezar a recorrer el camino secundario fue cuando cayó el diluvio. Llovía y llovía, y aunque llevábamos chubasquero, nuestras botas de montaña se llenaron de agua al pasar por los charcos que inundaban el camino. Pasamos cerca de dos horas bajo la lluvia intensa y, aunque en ese momento no fuera lo que más nos apetecía, más tarde lo recordaríamos como una aventura.
En principio estos arboles tendrían que haber evitado que no nos llegara tanta agua, pero no fue el caso.
Chica, esta muy bien lo de hacerse fotos, pero será mejor que te vayas poniendo el chubasquero.
Llegamos al hotel empapados a más no poder. Aunque nos encontrábamos a primera hora de la tarde, el diluvio siguió presente hasta altas horas de la noche, por lo que ese día no pudimos volver a salir del alojamiento.
Esta es la alegre expresión de Anna tras regresar de nuestra agradable aventura infernal.
Aquí tenéis nuestra secadora.
Viendo que la previsión semanal era de lluvia intensa, al día siguiente abandonamos el hotel para dirigirnos a nuestro siguiente destino: Sandakan. Como dato curioso, os diremos que parte de las aventuras de Sandokán están ambientadas en la parte de Malasia en la que nos encontrábamos. Es más, el personaje de ficción recibía el apodo de 'Tigre de Malasia'.
Fuimos hasta Sandakan en un bus bastante moderno en el que incluso no pusieron un par de películas malas bastante nuevas (véase 'Lobezno Inmortal' y 'Los Mercenarios 3'). El problema es que el bus transitaba por carreteras en bastante mal estado, por lo que tras cuatro horas de viaje, acabamos bastante mareados.
Una vez en Sandakan, encontramos un hostal juvenil que no estaba mal de precio, situado en el mismo centro de la ciudad. En el alojamiento incluso disponían de una Xbox, con la que Edu pasaría algunos ratos jugando al Fifa junto a un trabajador del hostal.
Cuanta felicidad después de sobrevivir al Kinabalu.
Habíamos ido a Sandakan porque cerca de esa localidad hay el centro de rehabilitación de orangutanes más importante del mundo; también hay un lugar de referencia (al que los locales llaman santuario) para ver monos narigudos; además también se puede visitar un parque natural de renombre.
Al igual que hacemos la mayoría de veces al llegar a un nuevo destino, aprovechamos el primer día en Sandakan para pasear por la ciudad y así poder conocerla. Mientras duró la claridad del día, pudimos ver una ciudad con bastante vida. El centro es lo más bonito con diferencia, pues a la que te alejas de ahí, empiezas a encontrarte con zonas pobladas de edificios realmente horribles. En cuanto a la gente de Sandakan, diremos que se mostraban en la misma línea de lo que habíamos visto hasta ahora en Malasia; es decir, menos simpáticos y dados a ayudarte que los indonesios (hablamos en términos generales, como siempre).
He aquí uno de los edificios realmente horribles.
La ciudad de la que os acabamos de hablar es la Sandakan diurna; ahora os hablaremos de la cara nocturna de esta localidad. En cuanto cae la noche, Sandakan se convierte en un lugar prácticamente desierto. La mayoría de locales, ya sean tiendas o restaurantes, cierran en cuanto el sol dice adiós. La única manera de cruzarte con alguien por la calle o de poder cenar es dirigiéndose a una plaza situada en el centro.
Edu dándoselas de culto otra vez.
A la mañana siguiente fuimos en un bus público hasta el famoso centro de rehabilitación de orangutanes, situado en Sepilok.
Anna dudaba sobre cual de los dos buses ofrecía más posibilidades de sobrevivir.
Llegamos justo a tiempo para ver como daban de desayunar a los primates. Era un espectáculo digno de ver; sobre una plataforma de madera había un hombre con un cesto que daba plátanos y otras frutas a los monos y orangutanes que colgaban por encima de él y que estaban a sus pies.
A este pobre hombre le robaron el desayuno los orangutanes.
Esto es desayunar con estilo.
Aparte de orangutanes, también habían otras especies de primates.
Desayuno en família.
A este no se le daba bien madrugar, pues se le cerraban los ojos a cada rato.
Caminamos por las pasarelas de madera del parque y llegamos, sin saberlo, a la guardería de orangutanes. Al ver parte de sus gestos y movimientos, no pudimos evitar pensar en el parecido que guardan con los bebés humanos. Por alguna razón son los animales que más se parecen a nosotros (comparten una grandísima parte de su ADN con los humanos). Por desgracia, después de salir de la guardería no volvimos a ver ningún orangután.
Antes de salir del centro, nos adentramos en el 'Bird Trail', pero tras recorrer parte del circuito y no ver ningún pájaro, decidimos dar marcha atrás. La verdad es que la visita al centro fue bonita, pero nos pareció algo cara teniendo en cuenta que en 20 minutos te sobra tiempo para visitar aquel lugar. Además, hay que tener en cuenta que tuvimos suerte de pillar a los orangutanes desayunando, porque sino ni siquiera los habríamos visto.
¿Ya sabéis cual de estos tres es un mono?
Como veis, al amante de Anna no le gusta mucho depilarse.
Del centro de orangutanes fuimos directos a otro centro que se encontraba a un minuto; sin embargo, este centro estaba habitado por 'Sun Bears'. Una vez allí, vimos que el precio de la entrada era el doble respecto al centro de orangutanes, es decir, unos quince euros. En eso momento nos planteamos seriamente no visitar aquel sitio. Finalmente le preguntamos a una mujer que acababa de visitar a los osos si valía la pena pagar la entrada; como nos dijo que sí, decidimos hacerle caso. La verdad es que sí pudimos ver osos (y para ello no hizo falta que estuvieran desayunando), pero os podemos asegurar que el recorrido del parque dura menos de diez minutos.
Es curioso que a estos animales tan negros les llamen 'Sun Bears'...
Aunque parecen muy "achuchables", tienen una mala leche de cuidado.
(nos explicaron que en algún caso se habían llegado a matar entre ellos en el interior del parque)
Ante este panorama, decidimos replantearnos seriamente nuestro itinerario de cara a los próximos días, ya que nos suponíamos que el resto de los atractivos turísticos de aquella zona nos saldrían por un ojo de la cara. Efectivamente, al regresar al hotel, pudimos comprobar que los precios de los lugares a los que teníamos previsto ir eran desorbitados en comparación a los sitios que habíamos visitado hasta entonces. Lo mejor de todo, es que descubrimos que casi todas las cosas que queríamos ver allí las podíamos ver en otros puntos de Malasia (a los que teníamos pensado ir) por un precio bastante más económico. Llegados a este punto, decidimos dejar cuanto antes aquel lugar.
Nos fijamos como nuestro siguiente destino el parque nacional del Gunung Mulu, situado en Mulu. Vimos que la manera más sencilla y barata de llegar hasta allí era volviendo a Kota Kinabalu y coger un avión que nos llevase hasta Miri; desde donde tendríamos que coger otro avión que nos llevaría hasta Mulu. No tardamos en decidirnos por esta opción, pues los dos vuelos nos salieron por unos 35€ (y así de paso nos ahorrábamos muchas horas de bus y de barco).
A primera hora de la mañana siguiente dejamos Sandakan a bordo de otro bus público, aunque esta vez era de lujo. Nos pasamos el día en el bus viendo nuevamente ese "peliculón" llamado 'los Mercenarios 3' y otros grandes éxitos del pintoresco cine malayo. Al llegar a Kota Kinabalu fuimos de cabeza al hostal en el que ya nos habíamos alojado anteriormente en esa ciudad.
¿Os venís con nuestro 'Bas Ekspress'?
Esto no tiene nada que ver con los buses indonesios.
Por lo visto, nadie quiso sentarse con Anna.
¡Hora de comer!
El día siguiente lo teníamos libre, ya que el vuelo para Miri estaba programado para el día 9 a las seis y media de la mañana. Aprovechamos ese día libre para visitar lo que llaman un 'Wildlife Park'. Al llegar allí vimos que aquello no dejaba de ser un zoo normal y corriente. A pesar de que los zoológicos no acaban de ser de nuestro agrado (básicamente por las condiciones en las que tienen a los animales), aprovechamos para ver algunas especies bastante exóticas. Por ejemplo, pudimos ver la serpiente más larga del mundo, que, contrariamente a lo que mucha gente cree, no es la anaconda, sino la pitón reticulada. También vimos el fantástico tigre malayo y varios elefantes pigmeos del Borneo, los elefantes más pequeños del mundo.
A pesar de ser los elefantes más pequeños del mundo, son bastante grandes.
Este espécimen desconocido también se encontraba entre los animales del zoo.
Aquí tenéis un 'Sun Bear' durmiendo cual persona.
Estos monos narigudos son toda una celebridad en el Borneo malayo.
Estos se colaron en el recinto de la cigüeña.
Esta es la famosa pitón reticulada.
(Pueden llegar a medir más de 8 metros, pero en cautiverio rara vez pasan de los 5 metros).
Viendo la cara de pocos amigos de este chico, decidimos no saltar dentro de su jaula.
Tras decir adiós a los animales, fuimos al hotel a descansar un poco, pues nos tocaba pasar la noche en el aeropuerto. Como nuestro vuelo salía a las 6:30 de la mañana, pensamos que no valía la pena pagar una noche de hotel para tener que levantarse a las 2 de la mañana. Esa noche Anna pudo dormir bastante en el aeropuerto (puede dormir en cualquier lado), y Edu se quedó haciendo guardia. Había bastante más gente que se quedó a hacernos compañía, pues varios vuelos salían a horas intempestivas. No podíamos pedir nada más por un vuelo de diez euros.
En la entrada que viene os enseñaremos el lugar que más nos ha impresionado hasta el momento en lo que llevamos de viaje. Dicho lugar se encuentra situado en el corazón de la selva malaya, y nos pareció lo más espectacular que hemos visto en nuestras vidas. Os hablamos nada más y nada menos que de la cueva más larga del mundo. Aunque ya os avisamos de que, al ser una cueva bastante oscura, las fotos no hacen en absoluto justicia a la grandeza de aquel lugar.
De momento os dejamos con un anticipo de los días que pasamos en la región selvática de Mulu.
¿Os atrevéis a acompañarnos en la más profunda de las cuevas?
Hemos visto que el concurso que aparece en la entrada anterior (ver: Never ending Asia) no ha tenido mucho éxito. De momento aún no hemos declarado a ningún vencedor, por lo que aún podéis dar vuestra respuesta. De hecho, ¡Os animamos a que concurséis!
Chavales, a ver si buscáis un sitio donde pongan macarrones con pollos al ast que estáis demacrados, ¡por Dios! Qué enorme es la vegetación por ahí ¿no? ¿o es cosa de la cámara? Supongo que la ciudad esa del Sandokan debe ser muy fea porque sólo ponéis dos fotos, y todas feas. Parece un barrio chungo de película japonesa, hacéis bien en largaros volando rápido. La de la cueva promete, a ver si las foticos hacen justicia al lugar. ¡Ánimo campeones, que no os depriman los soso malasios!
No estamos tan mal! Eso es un falso mito! La vegetación es gigantesca, no es cosa de la cámara. La verdad es que Sandakan solo tenía una calle medianamente bonita...
Hola exploradores!! Vaya tanda de animales habéis tenido jeje, los peque elefantes me han enamoradooo. El paisaje es un pasada pero no me extraña con tanta lluvia. Me encantan las fotos...pero los comentarios me chiflan!! Me echo buenas risas jajaja. Sois un crack!! Tengo ganas d ver esa pedazo d cueva...seguid así chicos!! Pasarlo muy bien y cuidados muxooo!! Bss dsd Madrid q llueve mas q en Londres....
Nos dieron un poco de lastima allí encerrado algunos, pero bueno... los elefantes increibles, verdad? Nos encanta que riais, nosotros también nos lo pasamos bien escribiéndolos. La cueva es increible, ya verás... Seguro que no llueve tanto como nos llovió en el parque de Mulu, a raudales! Muchos besos a todos!
Hola chicos! Flipando estoy con la "sanguijuela" que tenía edu pegada a la pierna y el bicho raro de muuchas patas que estaba en la camiseta de Anna. Por cierto: si os hubierais quedado con la gigahoja os habría servido de paraguas a los dos. Vamos!!! a por la cueva...
La verdad es que no me enteré de que tenía la sanguijuela hasta al cabo de un rato. El bicho raro si que lo vimos al momento; y se movía a toda pastilla. Tendríamos que haber pensado en lo de la hoja...
Hola pareja! este sitio es estupendo! Cristina ha alucinado con los bichos en concreto con la araña (?) que tenía la chica de la curva (Anna)! Pero que pasa en Malasia con los lavabos? Es posible que tengan que poner siempre explicaciones sobre como sentarse en el inodoro?! Ah....que pasada el tigre.... Besos
Chavales, a ver si buscáis un sitio donde pongan macarrones con pollos al ast que estáis demacrados, ¡por Dios! Qué enorme es la vegetación por ahí ¿no? ¿o es cosa de la cámara? Supongo que la ciudad esa del Sandokan debe ser muy fea porque sólo ponéis dos fotos, y todas feas. Parece un barrio chungo de película japonesa, hacéis bien en largaros volando rápido. La de la cueva promete, a ver si las foticos hacen justicia al lugar. ¡Ánimo campeones, que no os depriman los soso malasios!
ResponderEliminarNo estamos tan mal! Eso es un falso mito!
EliminarLa vegetación es gigantesca, no es cosa de la cámara.
La verdad es que Sandakan solo tenía una calle medianamente bonita...
Hola exploradores!! Vaya tanda de animales habéis tenido jeje, los peque elefantes me han enamoradooo. El paisaje es un pasada pero no me extraña con tanta lluvia. Me encantan las fotos...pero los comentarios me chiflan!! Me echo buenas risas jajaja. Sois un crack!! Tengo ganas d ver esa pedazo d cueva...seguid así chicos!! Pasarlo muy bien y cuidados muxooo!! Bss dsd Madrid q llueve mas q en Londres....
ResponderEliminarNos dieron un poco de lastima allí encerrado algunos, pero bueno... los elefantes increibles, verdad? Nos encanta que riais, nosotros también nos lo pasamos bien escribiéndolos. La cueva es increible, ya verás... Seguro que no llueve tanto como nos llovió en el parque de Mulu, a raudales! Muchos besos a todos!
EliminarHola chicos! Flipando estoy con la "sanguijuela" que tenía edu pegada a la pierna y el bicho raro de muuchas patas que estaba en la camiseta de Anna. Por cierto: si os hubierais quedado con la gigahoja os habría servido de paraguas a los dos. Vamos!!! a por la cueva...
ResponderEliminarLa verdad es que no me enteré de que tenía la sanguijuela hasta al cabo de un rato.
EliminarEl bicho raro si que lo vimos al momento; y se movía a toda pastilla.
Tendríamos que haber pensado en lo de la hoja...
Hola pareja!
ResponderEliminareste sitio es estupendo! Cristina ha alucinado con los bichos en concreto con la araña (?) que tenía la chica de la curva (Anna)!
Pero que pasa en Malasia con los lavabos? Es posible que tengan que poner siempre explicaciones sobre como sentarse en el inodoro?!
Ah....que pasada el tigre....
Besos
Alberto
Nosotros también alucinamos con los bichos que nos encontramos.
EliminarEn Indonesia también eran muy aficionados a poner manuales en los lavabos.