Hoy os volvemos a saludar en castellano, no vaya a ser que nos olvidemos de hablar nuestro idioma.
La última vez os dimos las buenas noches desde el bus que nos llevaría a Siem Reap, en el que dormimos mucho mejor de los que nos esperábamos, pues disponíamos de unas camas bastante decentes.
Nos despertamos cuando nos faltaba una hora para llegar a nuestro destino. En ese momento nos encontrábamos algo mareados, pues las carreteras por las que habíamos circulado se encontraban en un estado que hacia que el autobús botara constantemente. Además, teníamos unas ganas apremiantes de ir al servicio, y a pesar de que nuestro transporte estaba bastante bien, no disponía de lavabos. No tuvimos más remedio que pedirle al chófer que parara. El buen hombre no tardó en parar en mitad de la carretera junto a una caseta desierta, en la que nos dijo que podíamos ir a hacer nuestras necesidades. Una vez listos, nos pusimos en marcha de nuevo.
Al llegar a Seam Reap nos recibió la habitual marea de conductores de tuk-tuk. Por suerte, no hizo falta regatear con ninguno, ya que ofrecían precios muy económicos. Pero todo no podía salir bien. Tuvimos la mala suerte de que nos tocara el chófer más pesado de la historia del universo. En primer lugar, tan sólo nos llevaba a los hoteles con los que él tenía algún acuerdo, por lo que no paraba en ningún otro establecimiento para que pudiéramos verlo. Lo peor era que todos los sitios a los que nos llevaba eran bastante lamentables, pues estaban realmente sucios y su precio era bastante elevado.
Nuestras mochilas, nuestras actuales casas.
Gasolinera Camboya-style.
Después de pedirle educadamente que nos dejará en cualquier sitio y que ya nos buscaríamos la vida, el hombre insistió en llevarnos a un último lugar. Tras hacer un esfuerzo considerable para evitar mandarlo a paseo, aceptamos a que nos llevara al sitio que nos decía. Al contrario de lo que nos esperábamos, nos llevó a un hostal que disponía de habitaciones bastante buenas, así que decidimos quedarnos allí. El personal del establecimiento era una panda de amiguetes un poco pasotas, pero eso no supuso ningún problema.
Cuando dejamos las mochilas en el hostal aún eran las 8 de la mañana, por lo que teníamos todo el día por delante. A pesar de que estábamos algo cansados debido al viaje en bus, nos moríamos de ganas de ir a ver uno de los enclaves más famosos de Asia y del mundo: la antigua ciudad de Angkor. No obstante, antes de iniciar otra jornada de aventuras, bajamos a desayunar al bar del hostal.
Una vez en el bar, vimos que el conductor que nos había llevado hasta allí aún no se había ido; de hecho, nos estaba esperando a nosotros para llevarnos a donde quisiéramos ir. El chófer no se despegó de nuestro lado mientras estuvimos desayunando. Le hicimos saber que queríamos ir a Angkor, y que no pagaríamos más de 7 dólares por ir hasta allí. Por su parte, nos respondió que no nos iba a llevar por menos de 10. Llegados a este punto, le dijimos que ya nos buscaríamos otro que nos llevara. Pero, como era de suponer, el hombre se mantuvo a nuestro lado, mientras no dejaba de repetirnos (como hacen todos) que no encontraríamos a un conductor en la ciudad que nos ofreciera mejores precios que él. Finalmente, accedió a llevarnos por 7 dólares.
Por la carretera de camino a Angkor vimos a muchos turistas en bicicletas, y nos lo apuntamos para el día siguiente, cuando ya estuviéramos más descansados. Al llegar a las taquillas de Angkor, nos decidimos por comprar una entrada para tres días, que valía cuarenta eurazos. Ya que pagamos tanto, al menos nos la personalizaron.
Angkor-matón.
Al pasar el cartel de bienvenida a Angkor empezamos a entender la inmensidad del recinto: 400km2 de lo que en su día fue la antigua capital del imperio Khmer. Aunque el lugar estaba cubierto de vegetación y de bosques, los templos se conservaban en un estado magnífico. A pesar de todo el tiempo transcurrido desde la construcción del recinto, éste no muestra grandes signos de vejez.
Nuestra primera parada fue Preah Khan, uno de los templos más antiguos del recinto. Cuando el chófer nos dejó allí, nos dijo que le necesitaríamos para poder ir de un templo a otro, ya que entre ellos había mucha distancia. Nosotros, pensando que exageraba, le dimos las gracias, le dijimos que estábamos muy bien de salud y que no nos importaba caminar un poco.
Foto en pareja de rigor para que quede bien en el álbum.
Ésta es solo para que admiréis el paisaje ¿Ya estáis? Pues a la siguiente foto.
Utilizaron a los ancestros de Edu para hacer las medidas de la puerta.
Si os gusta este templo, aún estáis a tiempo de comprarlo,
ya que nadie se lo ha quedado aún.
Tenemos que practicar más...
¡Cu-Cut!
Cuando ya habíamos dejado atrás Preah Khan y nos dirigíamos al siguiente templo, empezamos a temer que el chofer tuviera razón; los templos se encontraban separados por algunos kilómetros.
Viendo el panorama, nos dispusimos a buscar un transporte que nos llevara al siguiente templo. Tras preguntar a los tuk-tukeros que había en la zona, averiguamos que la mayoría de ellos estaban contratados para todo el día por un cliente. La cosa pintaba complicada, pero en ese momento vimos que un tuk-tuk llevaba a una chica joven en la dirección en la que íbamos nosotros. Pedimos a la pasajera si podíamos subir y compartir el tuk-tuk. La chica nos dejo acompañarla encantada; y no tardó en empezar a contarnos su historia. Como habéis podido comprobar a través del blog, aquí los turistas hablan con otros turistas a la mínima que tienen ocasión; te explican de donde vienen, a donde van, cuanto tiempo viajan... Así que la chica nos contó que era estadounidense y que pensaba dar la vuelta al mundo; no tenía límite de tiempo y hasta pensaba venir a España en mayo. Hablando hablando llegamos a Ta Som, el siguiente templo en nuestra lista.
Edu intentando hacerse el gracioso.
Ni aún estando a cincuenta grados nos hubiéramos bañado en estas 'piscinas'.
Como nos habíamos pegado un buen paseo, al salir del Ta Som decidimos regresar a Siem Reap. Conseguimos volver a nuestro hotel tras regatear largo y tendido con los conductores de tuk-tuk de Angkor, los cuales se mostraban bastante inflexibles respecto a bajar sus desorbitadas tarifas (aunque al final cedieron).
Durante la tarde aprovechamos para descansar, ya que ese día nos habíamos puesto en marcha muy temprano y sin haber descansado mucho.
Cuando llegó la hora de cenar, nos acercamos a un Night Market situado muy cerca de nuestro alojamiento. Se trataba de un lugar en el que prácticamente podías encontrar cualquier artículo existente a un precio bajísimo. Lógicamente, nos vimos en la obligación de comprar alguna cosilla.
Edu se enamoró tanto del cutre-puente que lo tiene de fondo de pantalla del móbil.
Con tantas luces, parecía más el light-market que el night-market.
La mañana siguiente decidimos alquilar un par de bicis, ya que no queríamos estar pagando tuk-tuks constantemente para movernos por Angkor. Al poco de llegar con nuestras bicis a la carretera que conducía a la ciudad de los templos, paramos en un puesto ambulante para desayunar. Allí cogimos fuerzas de sobra para poder recorrer Angkor sin desmayarnos.
¡En marcha!
Sabíamos que el templo que queríamos visitar era de los que se encontraban más lejos, así que por el camino nos encontramos otros templos en los que nos fuimos parando. No os hemos contado que en todos y cada uno de los templos hay, en la entrada, unos cinco niños con un capazo colgado del cuello lleno de llaveros, libros y otros souvenirs. Se te acercan y dicen: 'One magnet one dollar'; si ven que no les haces caso pasan al 'Two magnets one dollar'. Así llegamos hasta los cuatro imanes a un dólar. Decidimos no comprar para no fomentar la explotación infantil.
Suerte tuvimos de las sombras que ofrecían los árboles que rodeaban Angkor,
ya que sino nos hubiéramos muerto de calor mientras pedaleábamos.
La guardiana del templo.
La foto amorosa de rigor.
A este guardián parece que no le gusta tanto su trabajo.
Anna fotografiándose con el guardián perezoso.
Muy útiles estas columnas, ¿no creéis?
Anna leyéndole un cuento a un bicho de piedra con un pañuelo amarillo.
Edu en los instantes previos a caer desmayado.
Quizá con una barca de estas podría llegar a Calella...
Finalmente llegamos a uno de los puntos más populares de Angkor: el templo de Ta Phrom. Aunque habíamos visto alguna foto del lugar, al llegar allí quedamos realmente impresionados. La principal particularidad y diferencia de este templo respecto a los otros, es que esta literalmente devorado por la naturaleza. Las raíces de los árboles se extienden por encima de las piedras, haciendo que los mismos arboles crezcan por encima del techo de las edificaciones.
Podemos dar fe de que cada rincón de Angkor está a rebosar de turistas, pero el templo de Ta Prohm se llevaba la palma. Por momentos parecía que te encontraras en mitad de un metro en hora punta, lo que resultaba bastante agobiante. Aparte de eso, nos lo pasamos de fábula.
Será que no tenían sitio para plantar el árbol...
¿Cómo puede salir un árbol tan pequeño de una raíz tan grande?
Comentario 1: Edu ya no sabe para donde mirar.
Comentario 2: Parece que a alguien le ha crecido un árbol en la cabeza.
Érase una vez una raíz más grande que una persona.
Edu esta yendo a clases para aprender a sonreír en las fotos y dejar de poner cara de "Walking Dead".
El guardian ya ni se molesta en disimular sus pocas ganas de currar.
Vaya, parece que aquí se ha producido un pequeño desperfecto.
Como mínimo, la raíz ha tenido la cortesía de no cubrir la puerta.
¡Adiós templo botánico!
Al salir del templo fuimos a comer a un tenderete situado cerca de allí. Una vez con las pilas recargadas, nos subimos a las bicis y volvimos a la ciudad.
Durante el trayecto de vuelta pasamos por el Angkor Arena, un recinto donde se celebran combates de varias modalidades de boxeo. Nos paramos para preguntar cuando tendría lugar el siguiente combate, y nos respondieron que al día siguiente. Compramos un par de entradas sin pensarnoslo, pues sabíamos que el boxeo era muy popular en esa parte del mundo y nos hacia gracia ver un combate en directo. Esa noche regresamos al Night Market, donde aparte de cenar, aprovechamos para hacernos un par de masajes.
En nuestro tercer día en Seam Reap nos cogimos fiesta, ya que nos apetecía tomarnos un descanso antes de visitar el templo estrella de Angkor. Ese día tan sólo salimos del hotel para comer e ir a ver el combate de boxeo del que habíamos comprado las entradas el día anterior.
Le dijimos al conductor del tuk-tuk que habíamos cogido que no hacía falta que nos llevara directamente hasta la puerta del Angkor Arena, pero insistió en hacerlo, pues nos dijo que así él entraba gratis. La verdad es que sino tenía que pagar la friolera de dos dólares. Cada uno de nosotros había pagado quince por ser extranjeros...
Al entrar en el recinto se nos acercó un hombre occidental y nos propuso pasar a la zona VIP. Aceptamos (¿Nos habría confundido con algún famoso?). Nos encontramos con que aquella zona tan "lujosa" se reducía a unas mesas y unas sillas encima de una tarima.
El hombre que nos había llevado a la tarima VIP también nos enseño donde estaba el bar; por lo que supusimos que el objetivo de la zona VIP era lograr que los clientes consumieran. Tomamos una Coca-Cola durante todo el tiempo que estuvimos allí.
Más que un combate de boxeo parecía que íbamos al circo.
Como VIPs, nos obsequiaron con la lista de los combates de la noche.
Angkor Arena, el Ring de los Campeones (o eso ponía en la entrada).
Durante la velada se disputaron cinco combates, establecidos de la siguiente manera: 5 asaltos de 5 minutos cada uno, y al final, si nadie había vencido por KO, los jueces proclamaban a un vencedor basándose en los puntos logrados por cada boxeador durante los cinco asaltos (el que conseguía más puntos era el ganador).
Antes del combate ambos luchadores rezaban y hacían una danza alrededor del ring siguiendo el ritmo de la música tradicional camboyana, pero tras eso empezaba lo duro. Puñetazos, patadas y empujones se repartieron por doquier; y podemos afirmar que no era un combate de exhibición, pues en algunos de los combates algunos luchadores sufrieron duros golpes que los dejaron, literalmente, KO.
Esta es la cara que se te queda cuando sabes que te van a machacar en breves momentos.
El salto del tigre.
Vaya, parece que a este chico no le hace mucha gracia que le den tortas.
A por otro asalto, que me he quedado con ganas de que me peguen!
La mañana siguiente nos dispusimos a ver la joya de Siem Reap: Angkor Wat, el templo más famoso del sureste asiático. Nos montamos en las bicis y ¡a pedalear! Solo teníamos que seguir al tumulto de gente para llegar a las puertas de Angkor Wat. Cuando llegamos, nos sentimos fascinados por el escenario sobre el que se levantaba el templo: grandes patios, pasarelas que discurrían por encima del agua y terrazas que te daban la bienvenida. Una majestuosidad que, en cierto modo, nos hizo esperar un gran monumento; sin embargo, al verlo, nos embargó un leve sentimiento de decepción. A medida que fuimos avanzando esa decepción se fue diluyendo. Es cierto que esperábamos un templo más colosal, pero no por ello dejamos de disfrutar ni un segundo de una de las joyas del continente asiático.
Este agua es más verde que Shrek ¿Será potable?
¡Dominadísimo!
Benvinguts a Angkor-Wat!
Esto era el jacuzzi del rey de Angkor.
Las escaleras al gran templo de Angkor Wat.
Se podría decir que las vistas desde el templo son deslumbrantes.
Las vistas desde la cima de Angkor Wat no estaban tan mal como para que aquellos huyeran en globo
¿No creéis?
Angkor clavándose en el cielo camboyano.
Un monje budista...¿Con móvil?
Esa jornada no dio para mucho más. El día posterior abandonamos Siem Reap para dirigirnos a otra ciudad en la que se encuentra otro templo emblemático de Camboya. Sin embargo, ocurrió algo que provocó un cambio inesperado de planes. Pero eso ya os lo contaremos en la próxima entrada, que por hoy ya debéis estar saturados. Aunque no vayáis a pensar que por eso os libraréis del adelanto de turno.
¿Querréis acompañar a Anna en su viaje entre cascadas?
Sabemos que hay premios pendientes. Tiempo al tiempo.
Tampoco nos hemos olvidado de las fotos!Fotos Siem Reap
Hola parejita! Pensaba q me había perdido alguna entrada mientras estaba en el pueblillo, pero veo q me esperasteis...jeje. Veo q habéis tenido sesión d templos...el d los arboles en medio d td me suena d haberlo visto en fotos d unos amigos, a ellos tb les encanto. Estais hechos unos profesionales del regateo EH! Jeje. Me parto con los comentarios...el vigilante estaba d capa caida..y un pelin delgadin...sera d tanto pedaleo...comer algo mas chicooss! Q ganas tengo d ver esas cascadas...no tardeis tanto porfiiii! Disfrutar muxoo, mas bss d td la Family!!!!
Hola parejita! Pensaba q me había perdido alguna entrada mientras estaba en el pueblillo, pero veo q me esperasteis...jeje. Veo q habéis tenido sesión d templos...el d los arboles en medio d td me suena d haberlo visto en fotos d unos amigos, a ellos tb les encanto. Estais hechos unos profesionales del regateo EH! Jeje. Me parto con los comentarios...el vigilante estaba d capa caida..y un pelin delgadin...sera d tanto pedaleo...comer algo mas chicooss! Q ganas tengo d ver esas cascadas...no tardeis tanto porfiiii! Disfrutar muxoo, mas bss d td la Family!!!!
ResponderEliminarI el tsunami? M'alegro que no hagi passat per aquí, menys mal.
ResponderEliminarel temple de Ta Phrom és impressionant !!!
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