26 dic 2014

En la variedad de Pakse está el gusto

¡Sabaidee a todos y feliz navidad!

Como podéis ver, a estas alturas ya estamos totalmente integrados en Laos (sabemos decir hola: Sabaidee; y alguna cosilla más).

Os avisamos de que, para no perder la costumbre, las siguientes entradas estarán inundadas de cascadas; pues prácticamente en cada rincón de Laos te encuentras una. ¡Así que ya podéis ir a por el bañador!

Dejamos las 4000 islas para proseguir nuestra ruta hacia el norte de Laos. Tras cruzar en barca el Mekong para abandonar la isla de Don Khong, nos subimos en uno de los vehículos más confortables de los que nos han tocado hasta ahora en Asia. La verdad es que fuimos muy cómodos hasta nuestra siguiente parada: la ciudad de Pakse, rodeada de una variada multitud de atractivos.

Tras buscar (y encontrar) un alojamiento de nuestro gusto, fuimos a comer un poco. Como sabíamos que Pakse era una ciudad mínimamente grande, preguntamos a una de las camareras del bar donde estábamos si había algún cine en la ciudad. Aunque la chica no nos entendió, si que lo hizo un hombre que estaba por allí, el cual nos dijo que sí había un cine en la localidad. Sin embargo, no sabía explicarnos donde estaba el cine en cuestión (intentó hacernos un mapa pero no lo consiguió). Finalmente, el hombre nos hizo subir a su coche y nos llevó hasta el cine. Hasta aquí todo fenomenal; pero al llegar allí vimos que solo se emitían películas nacionales. Como la cartelera del lugar no nos llamó la atención, decidimos ir a dar un paseo para ver que nos podía deparar Pakse.

¿Me acompañáis a descubrir Pakse?
Espero que no os importe que venga con nosotros nuestro inseparable Mekong.

Consultando un mapa de la ciudad que teníamos, vimos que cerca de donde nos encontrábamos había un centro comercial. Pensamos que quizá allí hubiera un cine, de manera que nos encaminamos hacía allí, o al menos lo intentamos. No había manera de encontrar el centro comercial. Además, la mayoría de gente a la que preguntábamos no conocía el lugar. Había algunos que, tras poner cara de desconcierto, te indicaban la dirección en la que creían que se encontraba el centro; mientras otros te indicaban la dirección contraria.

Dando vueltas, llegamos a un mercado callejero bastante curioso. Donde cada una de las paradas vendía cantidades infinitas del producto que ofrecían.

Nunca puede faltar un tuk-tuk en una calle laosiana.
Aunque solo necesitaba un champú, Anna quedó fascinada con la cantidad de tonterías que tenía frente a ella.
Mercados, el hábitat natural de Anna.
Los pollos también se pelean por estar en primera fila.

Tras visitar el mercado y buscar sin éxito el centro comercial un poco más, optamos por desistir en nuestra búsqueda. Sin embargo, dimos un par de vueltas por la zona donde nos alojábamos y encontramos una especie de centro comercial que parecía más una estación de autobuses con tiendas de todo tipo. Repusimos champú y cogimos pizza para llevar. Antes de regresar a nuestro hotel, reservamos una excursión para el día siguiente.

Dilema clásico desde tiempos inmemoriales:
¿Cual de los 34 millones de champús elijo?
Si no fuera por los farolillos rojos,
habríamos confundido este centro comercial con una prisión.
Albóndigas de todos colores.
El sueño de Edu: ver un partido de la NBA a una hora normal.

A la mañana siguiente nos esperaba un día ajetreado: cascadas, pueblos tribales y hasta plantaciones de café, así que a las ocho ya estábamos en la mini-van listos para empezar la excursión. La primera parada fueron las cascadas gemelas, Tad Fane, dos saltos de agua que tienen una altura de casi 200 metros. Verdaderamente espectacular.

¡Quitaos de en medio, que tapáis las cascadas!
El lugar indicado para darse una buena ducha.
Por si no os ha quedado claro el nombre del lugar,
aquí lo tenéis por escrito.


Tras ver las gemelitas, y antes de ir a ver la siguiente cascada, paramos en una plantación de café. Allí nos recibió una señora francesa muy amable que nos comentó que en la plantación también tenían plantas de té y muchas otras plantas y frutas. Nos mostró los métodos que usan para la elaboración de té y café, y nos ofrecieron probarlo.

La profe de la plantación.
Este comentario lo dejamos a vuestra imaginativa elección.
Esta vez os ayudaremos un poco; en el cartel poner "Coffee Plantation".

Aún nos quedaba otra parada más antes de la segunda cascada. Visitamos un pueblo étnico, en el que aprovechamos para ver el estilo de vida de los lugareños e intentar conversar con ellos.

Dicen que en esta aldea remota se esconde una antena.
¿Será esta chica la antena?
La típica casa de un pueblo laosiano.
Una más entre los aldeanos.

Y por fin... ¡la segunda cascada del día! Se trata de Tad Lo, que se encuentra en un pueblo con su mismo nombre. Una localidad rural y muy acogedora, donde encontramos unas niñas de lo más divertidas y entrañables. Teníamos un buen rato, pues durante la parada en Tad Lo teníamos que comer, así que aprovechamos para bañarnos en el río y pasar un buen rato con nuestras pequeñas amigas.

Sonrisa Profident.
La clásica casa vacuna a orillas del río.
Anna vivió un cariñoso intento de secuestro.
Y la secuestrada se convirtió en secuestradora.


¡Las Supernenas de Laos!
Parece que Anna ya tiene sus primeros fichajes para su 'Cau' asiático.
Edu se niega a sonreír porque sabe que no tiene nada que hacer contra la sonrisa Profident.
Las supernenas posando con un jarrón.
Esto es lo que se ve a un lado del río...
...y esto es lo que hay en el otro ¿Que os parece?

Una vez nos despedimos de nuestras pequeñas amigas, fuimos a visitar una aldea de tejedores, donde pudimos ver las piezas que confeccionaban manualmente los lugareños.

Edu, no hace falta que pongas esa cara,
que no te haremos comer todo ese chili.
Señora, esperemos que no tengas que cubrir todo el suelo.
Como habréis visto, ahora nos movemos por tierras comunistas.
Aquí podéis ver las obras de las tejedoras.

Por último, fuimos a ver (a ver si lo adivináis)... otra cascada (¡Habéis acertado!). Ésta última era más accesible que las anteriores, lo que nos permitió apreciar el poder del agua desde muy cerca.

Esta cascada tiene grietas por todos lados...
Aquí tenéis ese dedo que siempre se cuela en las fotos.
Anna posando para el calendario de Aventureras del Sureste Asiático.
Edu posando para el calendario de Personas Aburridas del Universo.
¿Y como lo hago para tirarme al agua?
Moises hizo bajar el nivel del agua para que pudiéramos dar un paseo.
Aquí nos faltaron unas pocas piedras.
BRU-
-TAL.

Para ese día ya habíamos tenido suficientes emociones, así que una vez de vuelta a Pakse, nuestro único objetivo era asegurar la excursión para el día siguiente: El templo de Wat Phu, en Champassak.
La excursión debía ser más tranquila, pues duraba medio día y solo teníamos que ver un templo. Sin embargo, cuando nos contaron que teníamos que coger un bus, una barca y un tuk-tuk sólo para llegar al templo, vimos que nos esperaba otra jornada movidita.

¡Cuanto tiempo amigo Mekong!
Parece que nos espera un buen caminito...
...y más si nos paramos para hacer fotos a cada rato.
Vaya, la cima esta bien nublada.

El templo de Wat Phu es un templo khmer (camboyano) hindú construido entre el siglo XI y XIII. Más que el templo en sí, lo bonito es la harmonía e integración del templo con la montaña y los elementos naturales que lo envuelven.

Suerte que el templo no estaba tan arriba.
Si Edu hiciera alguna tontería en las fotos,
serían más faciles de comentar.
Será una faena volver a construir esto.
Sigue esperando, a lo mejor algún día te abren la puerta.
Que coqueto es Buda.

El recinto del templo ocupa unos 10 km, con varios altares y pasarelas, aunque hoy en día solo quedan unas piedras de ello. Para llegar a la parte superior del complejo, tuvimos que subir por varios tramos de escaleras que parecían hechos para evitar que llegaras a la cima. Por suerte, conseguimos superar el obstáculo que suponía cada escalón. Tras recuperarnos de la subida, que nos había dejado bañados de sudor, fuimos a ver la parte más popular del recinto.

Es como si un elefante (¿Anna?) hubiera pasado por estas escaleras.
 La vista compensaba el ascenso.
Tanto tiempo rezaron que se quedaron petrificados.
Con tantas ofrendas como le llevan,
Buda podría montar una tienda de souvenirs.

Tras deshacer el camino recorrido del mismo modo en el que habíamos llegado (tuk-tuk, barca y bus), volvimos a Pakse. Una vez allí, comimos un poco y reservamos un bus para ir el día siguiente a Thakek, otro emplazamiento perdido entre la naturaleza laosiana; y del que os dejamos una foto como aperitivo.

No os separéis de Anna si no os queréis perder.

Aquí os dejamos unas fotos de más como regalo de navidad: Descubre Pakse, 5DIC

¡Felices fiestas!

4 comentarios:

  1. Hola aventureros! Estos días hemos tenido visita d nuestra Family y me estoy poniendo al día con el blog! Q pasada de fotos, como molan las cascadas "brutal" y espectacular! Ivan se ha reído mucho con los comentarios de Edu y yo claro jeje. Vi el sitito desde donde me enviasteis vídeo de mi cumple. Seguid así parejitaa, ahh hoy falto la foto romántica EH! Jeje. Bss mil d los 4.

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  2. Por cierto...me encanto la foto de las secuestradoras d Anna y la siguiente tb! Momentos muy tiernos wapii! Muack

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  3. Pakse, la ciudad donde nadie sabe dónde están las cosas, estos asiáticos...

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  4. Sou molt grans parella!! Aixo de les supremas se li va o correr a l'eduard no? Molts records dels wallys, esperem que la samarreta hagi causat furor per Asia!

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