Esperamos que todos hayáis empezado bien el 2015. Para inaugurar el año, os contaremos como nos fue por una de las zonas del sudeste asiático que más nos han fascinado hasta ahora, el norte de Laos.
Abandonamos la capital laosiana, Vientiane, la mañana después de hacernos con el visado de Vietnam. Desde allí fuimos en autobús hacia el norte de Laos hasta llegar a Vang Vieng, lugar al que llegamos tras las tres horas previstas de viaje. Realmente fue algo insólito, pues pocas veces hemos llegado a un lugar en el tiempo que se suponía que debíamos llegar.
Nuestra primera impresión de Vang Vieng no fue muy alentadora, ya que el bus nos dejó en una calle algo apartada de los principales atractivos de la localidad. Como en aquella calle tan sencilla era donde se concentraban la mayoría de alojamientos económicos, reservamos una habitación en el primer hostal de allí que nos pareció aceptable.
¡Qué pasa, pasmarote!
Después de haber comido, fuimos a dar un paseo por el pueblo, y al girar la primera esquina y dejar atrás "nuestra" calle, pudimos apreciar el espectáculo de la naturaleza que nos envolvía. Más allá de los edificios, se alzaban grandes y frondosas colinas bañadas por el cálido sol asiático. En aquel momento nos pareció que habíamos ido a parar a un pueblo situado en mitad del paraíso. Aquel parecía un lugar perfecto, ya que, además, no tardamos en encontrar una agencia que ofrecía excursiones muy completas a un precio más que asequible. Tras reservar una excursión para el día siguiente, seguimos paseando para ver que más nos podía deparar aquel lugar tan fascinante.
¿Que os parece el decorado de fondo?
Nos sorprendió lo bien que la ciudad se había adaptado tanto a su entorno natural como al turismo; pues aunque había bares y restaurantes, éstos mantenían un estilo parecido y dejaban apreciar la belleza del lugar.
Llegamos hasta un río que bordeaba la ciudad, y al cruzarlo nos encontramos cerca del pie de las majestuosas colinas. Allí pudimos ver que algunos bares tenían dispuestas unas plataformas estáticas en el mismo río; en las cuales uno podía relajarse tomando un refresco y escuchando la corriente fluvial y los clásicos de los 90 que sonaban en los bares (Spice Girls entre otros).
Si, a nosotros también nos sobran los cables en la foto.
A falta de espacio, ponemos unas mesas en el río
y ya lo tenemos solucionado.
Fotografiando a la fotógrafa.
Foto de una foto.
Como era algo tarde, decidimos posponer para otro día nuestra visita a las plataformas de madera. Cruzamos nuevamente el río para regresar al pueblo y nos metimos en uno de los primeros restaurantes que vimos. Por casualidad, el lugar que habíamos elegido para cenar tenía unas vistas increíbles de las montañas. Y desde allí pudimos disfrutar de una puesta de sol única en uno de los momentos más mágicos del viaje.
¡Buenas noches señor Sol!
¡Vigila! Que te vas contra las montañas!
Atardeceres de fantasía hechos realidad.
La mañana siguiente nos vestimos y equipamos de acuerdo con lo que nos esperaba para ese día; bañador (o bikini), bolsa impermeable, chanclas y muchas ganas de pasarlo bien. Íbamos a hacer 'tubing' por una cueva y kayak por el río. Antes de ponernos en marcha nos reunimos con nuestros compañeros del día, junto a los que formábamos un grupo bastante variopinto: una surcoreana, un par de alemanes que no se conocían el uno al otro, tailandeses con gorros de cowboy... y nos subimos al tuk-tuk.
La cara de Edu no es de estreñido, sino de frío.
Avistamientos de montañas desde el tuk-tuk.
Avistamiento de un objeto no identificado desde el tuk-tuk.
Estar donde quieres con quien quieres no tiene precio.
¡Abran paso! Que voy!
Vigilanta de la playa (río)!
Nuestro futuro medio de transporte a Vang Vieng.
Como habéis podido comprobar en la foto de la "vigilanta" de la playa, nos dieron unas bolsas de lona impermeables en la que metimos nuestras pertenencias. Acto seguido nos dirigimos hacia las dos cuevas que había que visitar antes de meternos en el agua. Nos dijeron que llegaríamos a la primera cueva tras realizar un 'trekking' de unos 45 minutos, pero tras unos 20 a paso ligero ya habíamos visitado la cueva del elefante y llegábamos a la segunda cueva.
¿Para que querrán tener una piscina sin agua?
¿Quien de los dos será la estatua?
Esto, señores, es el elefante que da nombre a la cueva.
De paseo por el campo.
Anna haciendo amigos.
Cuando estábamos a las puertas de esa segunda cueva, nos dijeron que nos preparáramos, ya que en breves momentos íbamos a adentrarnos en ella. A diferencia de las otras veces que habíamos visitado cuevas, esta vez nos tocaba hacerlo con 'tubing', una modalidad de transporte acuático muy extendida en Vang Vieng para los turistas y que es la atracción estrella de la localidad. El famoso 'tubing' consiste en encajar el trasero en el agujero de un flotadores en forma de doghnut para poder sentarte en él. Una vez encajado en el flotador, sólo queda dejarse llevar por la corriente. Teníamos ganas de probarlo, pero al poner un pie en el agua nos lo pensamos mejor. Hacía mucho sol, pero nosotros teníamos que circular por el interior de una cueva, por lo que el agua estaba helada, y más a las nueve y media de la mañana. Aún así, le pusimos ganas y nos adentramos para morirnos de frío.
No, no nos hemos hecho un cambio de look;
es solo para que visualicéis el 'tubing'.
Una vez dentro de la cueva, y con el culo y los pies congelados, nos aferramos de la cuerda que servía de guía y para que la corriente no nos llevara de cabeza contra las paredes. Íbamos todos los del tour en fila, con nuestra respectiva linterna en la cabeza, y con los dientes castañeteando mientras observábamos la magnífica cueva que nos engullía. Estuvimos unos veinte minutos dentro, y fue una experiencia divertida pero que decidimos que no repetiríamos: con una vez habíamos tenido suficiente, no teníamos ganas de volver al micro clima gélido de aquel lugar. Al salir de allí, nos tendimos al sol para aumentar y recuperar nuestra temperatura corporal. Al cabo de una hora nos trajeron la comida, por lo que tuvimos que comer a las once de la mañana.
Edu pasando más frío que en el polo norte.
Al mediodía nos dirigimos a la orilla del río, desde donde regresaríamos en kayak hasta Vang Vieng. Nos equiparon con chalecos salvavidas y un remo, y... ¡para el agua!. En cada una de las pequeñas embarcaciones podían ir dos personas, por lo que pudimos remar juntos y compartir los mismos inofensivos accidentes mientras nos divertíamos con los problemas que a su vez sufrían nuestros compañeros. Además, mientras descendíamos por pequeños rápidos, pudimos disfrutar de un paisaje realmente colosal, ya que el río partía en dos aquella región poblada de inmensas montañas.
¡Chico! Que para hacer kayak tienes que ir al río,
no encima de un coche.
Remando de vuelta a casa.
Al menos disimula y rema un poco, chica.
A medio camino paramos junto a nuestros "compis" en uno de los muchos bares que se encontraban a orillas del río. Pudimos tomar un respiro y un refresco mientras hacíamos unas partidas al futbolín y al billar.
El mayor (y mejor) descubrimiento del viaje:
¡Los futbolines asiáticos son gratuitos!
¡Ánimo! Que si te pones de puntillas quizás taparás la montaña.
El segundo mayor (y mejor) descubrimiento del viaje:
¡Los billares asiáticos son gratuitos!
Para llegar hasta el otro lado del puente,
antes tendrás que pasar por encima de la bailarina.
En cuanto nos volvimos a poner a los remos, empezamos a encontrarnos más turistas haciendo tubing en mitad del río; y a los cuales teníamos que sortear para no arroyarlos. Los metros finales se nos hicieron algo difíciles, ya que teníamos los brazos bastante cansados; pero finalmente conseguimos volver sanos y salvos a Vang Vieng (y sin habernos llevado por delante a ningún 'tubinguero').
I'll be there for you, na na na na na.
Como nos sentíamos bastante machacados, de camino al hostal paramos para darnos un masaje. Al acabar ya había anochecido, por lo que fuimos a darnos una ducha y a cenar antes de acostarnos.
Pero las aventuras no se habían terminado. El día posterior alquilamos un par de bicis para visitar el Blue Lagoon, un lugar muy conocido en la zona. Al poco de ponernos a pedalear, vimos que los quince kilómetros que nos separaban del lago no serían un camino de rosas, sino más bien uno de piedras como puños, baches constantes, y subidas eternas. El sol radiante (y asfixiante) de aquella mañana no es que ayudara precisamente. Al menos, y como no podía ser de otra manera, el paisaje lo hacia todo más llevadero.
De momento, esta es la foto del viaje en la que hemos salido más guapos.
A estos impresionantes paisajes se acostumbra uno rápido.
Tras unos cuantos kilómetros, vimos un cartel que nos indicó que ya habíamos llegado al dichoso Blue Lagoon. Nos recibió un niño que, para no perder la costumbre, nos hizo pagar la entrada de rigor y nos aseguró que eso era el Blue Lagoon. Pero al llegar allí nos dimos cuenta de que aquello no era el Blue Lagoon. Se suponía que teníamos que ir a un sitio plagado de gente, mientras que allí sólo había una familia que regentaba un restaurante y una pareja tendida a orillas de un pequeño lago. Sin embargo, decidimos quedarnos allí, ya que sin duda era un lugar más tranquilo que el Blue Lagoon, y, al fin y al cabo, teníamos un lago práctica y solamente para nosotros.
Edu se apoderó de un árbol con vistas al lago.
Dejamos el ascenso a la montaña para otra vida.
¿Que se ocultará en las profundidades del lago?
Tras haber recuperado fuerzas, volvimos a Vang Vieng por la ruta infernal que habíamos venido. Al llegar a la localidad, no pudimos resistir la tentación de dirigirnos de cabeza a las plataformas del río. Una vez revividos, fuimos a devolver las bicis y a comer un poco antes de morirnos de hambre.
A disfrutar un poquito de la vida.
A los osos también les está permitido bañarse.
Cuando sea mayor, yo quiero una de estas.
Aquella mañana habíamos comprado billetes de bus nocturno hacia Luang Prabang, otra localidad situada más al norte. Por lo que pasamos el resto del día haciendo tiempo entre los cómodos bares situados cerca del río, así como contemplando las hermosas vistas que en ningún momento dejaron de maravillarnos.
Cuando llego la hora de partir hacia Luang Prabang, vimos que nos hacían subir a un autobús distinto al que habíamos contratado. Nosotros habíamos pagado por tener camas, y el bus que nos vino a recoger no tenía mas que asientos. El chico de la agencia nos dijo que tendríamos que ir muy poco tiempo en aquel transporte, y que en menos de una hora haríamos transbordo para subirnos a un bus con camas. Aquello nos sonó bastante raro, y nuestra intuición no nos engaño; nos habían estafado. Nos pasamos la noche sentados, al igual que otros turistas a los que también habían engañado. Pero bueno, esas cosas pasan.
Antes de despedirnos de Vang Vieng, queríamos comentar un detalle muy particular de la localidad. En casi todos los bares emitían durante todo el día (literalmente) episodios de la serie 'Friends'. Y la verdad es que muchos turistas se congregaban enfrente de los televisores mientras se partían de risa y se tomaban sus cervezas. Sólo vimos un único bar rebelde que, en lugar de tener puesto 'Friends', pasaba un capítulo tras otro de 'Padre de familia'.
Friends forever.
También hay que decir que, aunque Vang Vieng es un lugar bastante tranquilo, también tiene su zona de fiestas. Por suerte para nosotros, dicha zona se encuentra algo separada del centro urbano, por lo que el estruendo de los locales nocturnos no llega hasta la zona de alojamientos.
Ahora que ya os conocéis Vang Vieng al dedillo, os dejamos un adelanto de Luang Prabang, uno de los lugares más famosos de este lugar tan increíble llamado Laos.
Por mucho que te escondas detrás de la palmera se te sigue viendo, Mr. Templo.
ja tenia ganes de veure fotos noves !! la veritat és que el paisatge és fantàstic i vosaltres ja comenceu a tenir "ullets" de xino... Un petó molt gran. Elisa
Hey parejita! Q sigo leyendo, aunque algo mas complicado fue desde el pueblo...jeje. Me encanto la puesta d sol y la ruta en donuts muy cachondaa jajajaa. Ya veo q seguís sorteando los imprevistos, pero como bien decís...el paisje espectacular compensa todo. Seguid disfrutando y nosotros con vosotros. Bss mil de toda la familia.
Guapis! Una pasada Laos!! De momento, es el pais que mas me ha gustado de los que nos habeis enseñado! Ah! Y me ha encantado la "foto de una foto" :)) besos! Os queremos!
ja tenia ganes de veure fotos noves !! la veritat és que el paisatge és fantàstic i vosaltres ja comenceu a tenir "ullets" de xino... Un petó molt gran. Elisa
ResponderEliminarHey parejita! Q sigo leyendo, aunque algo mas complicado fue desde el pueblo...jeje. Me encanto la puesta d sol y la ruta en donuts muy cachondaa jajajaa. Ya veo q seguís sorteando los imprevistos, pero como bien decís...el paisje espectacular compensa todo. Seguid disfrutando y nosotros con vosotros. Bss mil de toda la familia.
ResponderEliminarGuapis! Una pasada Laos!! De momento, es el pais que mas me ha gustado de los que nos habeis enseñado! Ah! Y me ha encantado la "foto de una foto" :)) besos! Os queremos!
ResponderEliminar