13 ene 2015

Winter is coming... to Laos

Hola a todos de nuevo,

Tras decirle adiós a nuestra querida y añorada Vang Vieng, fuimos hacia la famosa Luang Prabang. Como ya os contamos, llegamos allí tras pasarnos casi toda la noche sentados en un bus, ya que nos estafaron. Tras haber dormido nada y menos, nos dejaron cuando aún era de noche en la estación de autobuses de Luang Prabang. Allí cogimos un tuk-tuk junto a otras chicas para ir al centro. A la que el vehículo se puso en marcha, el viento nocturno de la ciudad se nos metió hasta los huesos. Cada gélido segundo del trayecto se nos hizo una tortura eterna. Sin exagerar, hacia mucho frío.

Por suerte, llegamos con vida al centro de la ciudad. Tras andar un buen rato no encontramos ni un sólo alojamiento, y tampoco sabíamos por donde buscarlos. Además, las calles estaban desiertas, por lo que tampoco había a quien preguntar. Por casualidad, al alba, acabamos llegando a las puertas de un templo, donde pudimos ver uno de los reclamos más famosos de la ciudad: el momento en que los monjes budistas salen para recoger los alimentos que los devotos les ofrecen. A pesar de lo temprano que era, bastantes turistas se congregaban en la entrada del templo para ver como los locales que se reunían allí se arrodillaban y ofrecían comida a los monjes que llegaban en fila portando cazuelas. Así pues, ya habíamos visto uno de los atractivos de la zona antes incluso de tener un sitio en el que dormir y sin siquiera proponérnoslo. Como podéis comprender, con la mochila a cuestas y con el frío no teníamos ganas de hacer fotos.

Para que os hagáis una idea, os ponemos a esta mujer que también va de naranja.

Una vez volvimos a la búsqueda del alojamiento perdido, también vimos pequeños mercadillos que los lugareños estaban montando en los callejones de la ciudad. Como podréis leer, encontramos de todo menos lo que realmente queríamos. Tras andar y andar, dimos con el primer alojamiento; por desgracia, ya no tenía habitaciones disponibles. A partir de ese momento empezamos a encontrar hostales y hoteles con más frecuencia (cosa que no era difícil). Pero aún así, la situación no mejoró. Todos los establecimientos con habitaciones libres nos pedían un precio astronómico (40 € aprox.). Cuando ya estábamos desesperados y nos veíamos durmiendo en la calle, llegamos a un hostal sencillo y económico. Lo primero que hicimos tras dejar las mochilas en el suelo fue dormir; había que recuperar las horas de sueño que el bus nos había quitado.

Al mediodía nos levantamos y fuimos a dar un paseo por la zona antes ir a comer. Aunque los alrededores no eran tan espectaculares, vimos que la ciudad se encontraba en la línea de Vang Vieng; un lugar cuidado y bonito en el que se respiraba tranquilidad gracias a la escasez de tráfico. Pero a falta de montañas, Luang Prabang nos enseño otro tipo de encantos. Los templos que crecían como setas por toda la ciudad le daban un aire majestuoso, y el río que serpenteaba por la ciudad daba su toque de magia.

¡Primer templo a la vista!
Esta chica no tiene remedio... de tienda en tienda.
He aquí la gran avenida de Luang Prabang.

Aprovechamos toda la tarde para pasear, y nos sentimos muy a gusto bordeando el río mientras el aire fresco del norte de Laos nos daba la bienvenida. Intentamos subir una pequeña colina en la que, según la guía, se ve el atardecer de Luang Prabang de manera única; pero al subir 1001 escalones (aprox.) nos dijeron que teníamos que pagar, así que dijimos 'no, gracias' y nos dimos la vuelta para bajar las escaleras. Desde abajo la vista también era espectacular.

Los escalones de nunca acabar.
Donde hagan crêpes, habrá una Anna feliz.
El río Ziga-zaga.
Gente extraña, posturas extrañas.

Seguimos con nuestro paseo vespertino y llegamos a un templo en el momento en que todos los monjes rezaban. Disfrutamos del momento con toda la tranquilidad del mundo, ya que no había nadie más en el complejo (el cual no era turístico) aparte de nosotros y los monjes. Pero no os penséis que todos los monjes rezaban, pues habían los típicos espabilados que pasaban de Buda y solo estaban pendientes de su teléfono móvil.



De vuelta al alojamiento, y tras hacernos el masaje de rigor, descubrimos el mercadillo de quita-y-pon que se montaba cada atardecer a la velocidad de la luz y que invadía parte de la avenida principal de la ciudad. Ahí uno podía encontrar cualquier souvenir; desde ropa con el logotipo del país (ya veréis más adelante que alguien decidió comprársela), hasta bebidas alcohólicas con animales muertos dentro, sin olvidar las lámparas o antigüedades de dudoso origen.

El paraíso de Anna está en la tierra, concretamente en Luang Prabang.
Parasoles de todos colores.
¿A alguien le apetece un trago?
Dadle las buenas noches a Luang Prabang.

Al día siguiente tocaba excursión, y en este país, en el 99'9% de las ocasiones eso significa... ¡Visitar cascadas! (No os quejéis que os hemos dejado descansar de cascadas durante unas dos entradas). En este caso la Kuang Si Waterfall. Pero esta vez no nos hicieron dar muchas vueltas, ya que todo lo que teníamos que ver en aquel día se encontraba en el interior del mismo complejo. Primero de todo fuimos a ver un pequeño centro de rehabilitación de Sun Bears, un tipo de oso que ya habíamos visto en Malasia.

¡Cuanto tiempo, viejo amigo!
En los últimos días se ha descubierto un nuevo tipo de oso llamado Anna.
Lo podréis encontrar por el sureste de Asia.

 Luego ya tocó ir a ver a nuestras amigas cascadas. Las primeras que vimos eran muy pequeñas, pero a medida que íbamos ascendiendo por el recinto, la cosa fue mejorando. 

Hay que aprovechar cuando el lugar no esta invadido
para hacer las fotos de rigor.
Aquí la cosa ya empezaba a tener buena pinta.
¡Cuidado no resbales!
No es ficción. La foto tampoco está retocada.
Aquí tenéis a la parejita que siempre se cuela en nuestras fotos.
Bien, el nivel va mejorando.

Paseando entre los azules estanques donde caía el agua, llegamos hasta la mamá cascada.



Vimos que había la posibilidad de subir por la colina hasta la cima de la cascada, así que nos pusimos en camino sin pensárnoslo dos veces. Tras un ascenso muy duro, llegamos derrotados a la parte más alta del complejo. Repusimos energías mientras paseábamos con los pies en el agua fresca y nos deleitábamos con las vistas. Además, en aquella zona había poquísima gente; supusimos que a la mayoría de visitantes no le atraía mucho la exigente subida que acabábamos de realizar. 

¿Pero adonde lleva esto? ¿A la cima del mundo?
Pero como siempre pasa en estos lugares...
...todo esfuerzo tiene su recompensa.
Laos en estado puro.

Cuando ya habíamos visto todo lo que había que ver, bajamos de allí y fuimos a darnos un chapuzón que, más que refrescante, fue gélido. Sospechamos que los trabajadores del lugar tiran hielo al agua por las noches, porque si no, no entendemos como aquella agua estaba a aquella temperatura glacial.

 El hecho de que no hubiera nadie bañándose nos tendría que haber servido
para darnos cuenta de que la temperatura no era la idónea.
Por si no sobrevivo, "os quiero a todos".

Aquella tarde poco hicimos más que descansar y pasear por la ciudad. Por la noche fuimos a cenar a una barbacoa/buffet situada en mitad de la calle y a orillas del río. El sitio estaba a rebosar de gente local, y nos pusimos las botas entre ellos a un precio de risa.

¡Que empiece la fiesta!
¡Hoy no nos vamos a quedar con hambre!
¡Que aproveche!

Aún nos quedaba un día en Luang Prabang antes de dirigirnos a nuestro siguiente destino. Por la mañana nos propusimos descubrir la parte de la ciudad que estaba situada en la orilla opuesta del río, así que fuimos al famoso puente de bambú. Es un puente que solo se puede cruzar en época seca, pues está bastante bajo y en época de lluvias se cubre por completo de agua. Al ser de bambú requiere un mantenimiento constante, y por esa razón tuvimos que pagar una pequeña suma de dinero para cruzarlo.

Imagenes que resumen la esencia del país.
Por si el puente se desmorona
mientras lo cruzamos, "os quiero a todos otra vez".
Vosotros quedaos con el paisaje que yo me quedo con la chica.
A pesar del aspecto del puente, el bambú aguanta lo que no está escrito.


Una vez en el otro lado, paramos en un bar con vistas al río y disfrutamos de una mañana relajada. De vuelta a la ciudad y una vez hubimos comido, fuimos a visitar uno de los puntos más famosos de la localidad: El Palacio Real. Aquel era el lugar en el que hasta hacia unos años había residido el rey de Luang Prabang (habéis leído bien; Luang Prabang tenía rey hasta hace relativamente poco). En las estancias del interior del edificio pudimos ver el lujo con el que vivía la familia real, así como algunos objetos y regalos bastante curiosos y llamativos. También pudimos conocer los rostros de la realeza en los retratos de variada calidad que adornaban las paredes.

Los reyes Gremlins visitando a los reyes de Luang Prabang.
Vaya, pues la casa que tienen no está nada mal.
(No pudimos hacer fotos del interior porque no estaba permitido)

El día después dejamos Luang Prabang para ir hacia el norte a pasar aún más frío. Pusimos rumbo a nuestro siguiente destino, Nong Khiaw, a través de la que seguramente es una de las peores carreteras hechas por el hombre. Con cada bache pegábamos unos buenos saltos, ya que estábamos en los asientos traseros de la furgoneta. En una ocasión, nuestra querida Anna se pegó un buen coscorrón contra el techo del vehículo. Pero tranquilos, al final llegamos sanos y salvos.

Desde la estación de autobuses, fuimos al centro de Nong Khiaw en tuk-tuk. Al bajar del vehículo, nos quedamos tremendamente fascinados por las vistas que nos envolvían. Cruzando un ancho río había un gran puente desde el que se podían apreciar las colosales montañas que se alzaban imponentes, envolviendo al poblado. Probablemente se tratase del lugar más espectacular que habíamos visitado hasta entonces.

Al ver algo así, lo primero que pensamos fue:
"joder, que pequeños somos"

Aquella tarde paseamos por las tranquilas calles del pueblo mientras íbamos levantando la vista una y otra vez para ver aquellas montañas que nos habían hipnotizado de una manera fascinante.

Chico, deja de mirar las montañas, que las vas a gastar.
Grandes personas en grandes lugares.
¡Hi, ho! ¡Hi, ho! ¡Al campo a trabajar!
¡Me pido esa islita para mí!

A pesar de que cuando habíamos llegado al mediodía hacia calor, en cuanto oscureció comenzó a hacer un frío importante. Para colmo, en nuestra habitación aún hacia más frío que en el exterior. Aunque por suerte contábamos con un par de mantas que habíamos pedido anteriormente, por lo que pudimos dormir sin riesgo de quedarnos más congelados que Walt Disney. Sin embargo, y pese a las mantas, a la mañana siguiente nos despertamos con el frío metido en el cuerpo. Pero lo peor estaba por llegar. La ducha no disponía de agua caliente. Tras ducharnos con agua fría y jugarnos la vida, salimos para ir a ver una cueva situada a unos pocos kilómetros de nuestro alojamiento.

En Laos, usan como elemento decorativo los artefactos que les lanzaron y no detonaron
(es verídico).
La cabeza de éste parece que detonó hace tiempo (verídico también).

Esta vez el problema era el calor; al poco de empezar a andar, nos sentíamos asfixiados por el sol. Paramos en una especie de bar/casa/granja para tomar un refresco. Tomamos algo mientras el hombre que nos había servido miraba el televisor desde la cama (que estaba situada en el mismo bar). De mientras, la mujer del hombre estaba haciendo una hoguera que amenazaba con incendiar por completo el ecosistema de la zona.

Es posible que os haya parecido raro el hecho de que alguien tenga una cama en un bar; pero en Nong Khiaw eso es algo completamente normal. En la mayoría de restaurantes (por no decir todos), habían camas en las que no era raro encontrarte a alguno de los trabajadores durmiendo. Eso es así porque los mismos restaurantes forman parte de la casa de los trabajadores.

¡Macho, macho, girl!.
¡Despierta chico!
El bar/casa/granja en el que paramos a repostar energías.

Una vez refrescados, proseguimos nuestro camino. Tras andar un rato y ver que la cueva no aparecía por el horizonte, dimos marcha atrás; ya estábamos hartos de asarnos. Aunque a la que se hizo de noche, la temperatura bajó drástica e instantáneamente; por lo que también nos tuvimos que fastidiar (siempre tenemos que quejarnos de algo). Pero hay que decir que a pesar de las locas temperaturas, estuvimos de fábula en Nong Khiaw.

Sin embargo, el día siguiente tocaba regresar a Luang Prabang para poner rumbo a Vietnam, así que nos despedimos de nuestro gélido oasis y nos dirigimos a la estación de autobuses (en la mayoría de casos está en las afueras de los pueblos). Allí nos dijeron que la siguiente 'minivan' (entiéndase bus para turistas) no salía hasta al cabo de tres horas, pero que si queríamos podíamos salir en aquel mismo momento; pero en ese caso tendríamos que ir en tuk-tuk público. Dudamos unos instantes, pues sabíamos que el camino era tortuoso y no sabíamos como el tuk-tuk amortiguaría los baches durante cuatro horas; pero al final pensamos que si los locales podían hacerlo, nosotros también. Además, el tuk-tuk nos salía a mitad de precio que la 'minivan'.

¡Con tuk-tuk hasta el fin del mundo!

No éramos los únicos turistas en el tuk-tuk, pues nos acompañaba una pareja canadiense y una familia francesa con dos críos. Nos entretuvimos bastante rato hablando con ellos y comentando los sitios visitados, hasta que el dolor que sentíamos en el trasero por culpa de los baches se hizo insoportable. La verdad es que esas cuatro horas no fueron menos dolorosas que las que habíamos pasado tres días antes, y el hecho de ir con gente local solo lo hizo más interesante.




De vuelta en Luang Prabang lo primero que hicimos fue buscar una agencia que nos ayudara a llegar a Vietnam. Cuando preguntamos por la opción de ir en autobús hasta Hanoi (capital de Vietnam), nos dieron las irrisorias cifras de 24 horas y cuarenta euros. Tras meditar un poco, nos decidimos por comprar un vuelo de una hora de duración por ochenta euros para al cabo de dos días.

No hicimos mucho más en Luang Prabang aparte de pasear, darnos algún masaje, comer, y ver un atardecer de película a la vera del río.

Amor borroso.
Un último vistazo de ensueño.
¡Gracias por todo Laos!

El día que partimos hacia Vietnam, nos levantamos muy temprano, cuando aún era de noche, ya que el avión salía a primerísima hora de la mañana. Cogimos un tuk-tuk para ir hasta el aeropuerto. Durante el trayecto revivimos el mismo frío que nos había dado la bienvenida la primera vez que llegamos a esa ciudad. Pero eso no empaño lo más mínimo nuestros agradables recuerdos de Luang Prabang. 

Al poco de despegar el avión, dejamos atrás Laos, un país fascinante que nos había recibido con los brazos abiertos; con sus paisajes imposibles y su gente cariñosa. Es un país que (de momento) no está infestado de turistas, pues su apertura a los viajeros es reciente y buena cuenta de ello hacen las ciudades al no tener hoteles de veinte pisos ni calles de luces centelleantes de todos los colores.

Ahora, y como siempre... un avance!

¿En que país debemos estar?
A ver si encontramos alguna señal que nos permita descubrirlo.

Más fotos de Luang Prabang 15dec y de Nong Khiaw 18DEC

¡Hasta la próxima!

3 comentarios:

  1. Una bona excursió de tuk-tuk !!!!, amb aire condicionat i vistes magnifiques !!!, segur que les quatre hores van passar volantttt! hahaha. M'encanten les fotos !!, esteu guapíssims ! Un petó molt gran !

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  2. Eiiiiii que passa guapos ejjejejejejje
    Avui ja deliro, amb les poquetes hores que he dormit... quina aventura eh, això d'estafar-vos jo no ho sabia... ah i tota l'expedició fins a trobar un lloc per a dormir interessant. També m'ha agradat molt el grau de poetisme amb el qual heu descrit el fred per primera vegada! i la mama té raó quina bona excursió amb el tuk-tuk quatre horetes com qui no vol la cosa! la foto que sortiu amor borrosso a mi me gusta ehhh aunque esté borrosa jajajajja molts molts petonets o muchos muchos besitos(pa que la tia sofi lo entienda jajajajja) see you soooon :) :)

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  3. Hola parejita! Lados me encanto, paisajes, gente y demás...como mola ir conociendo td a través vuestro blog jeje. Las fotos son chulisimas incluso las borrosas jajaja, como dice Lauritaaa lo q malamen he podido entender jeje, por cierto gracias x los besitos sobriii :) . Seguid disfrutando de ese pedazo viaje y nosotros con vosotros! Muchos bss d toda la Family!

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