18 ene 2015

Good morning Vietnam

¿Que tal todo? Esperamos que bien.

Nosotros os empezaremos a contar nuestras aventuras por Vietnam. Como ya hemos hecho algunas veces (y como a buen seguro volveremos a hacer en el futuro), hemos tomado prestado un título de alguna otra fuente para bautizar una entrada del blog.

Sin embargo, antes de dar los buenos días a Vietnam, debíamos decir adiós a Laos; y eso hicimos, subiéndonos a un avión de una compañía de la cual desconocíamos su existencia: Lao Airlines.

Economy Class con destino a Vietnam Big Adventures. 
Nos vamos superando. La próxima vez volaremos en un avión de juguete.
No nos hubiera ido nada mal que el avión tuviera una cama.

Esta vez, a diferencia de las otras veces que habíamos cruzado una frontera, ya teníamos el visado hecho; pues es imprescindible haberlo tramitado con antelación para entrar en Vietnam. Como ya os comentamos, lo habíamos solicitado anteriormente en Vientiane, la capital de Laos. 

Lo siento Vietnam, no te vas a librar de nosotros.

Al llegar al aeropuerto de Hanoi (la capital vietnamita) nos revisaron el visado, y una vez todo estuvo en orden, nos subimos a un minibús que nos dejó frente a la iglesia católica de San José, situada en una zona llena de alojamientos. Pronto encontramos uno muy acogedor en una callejuela que se encontraba en pleno casco antiguo de la ciudad. 

Cuando nos hubimos instalado fuimos a dar la primera vuelta por la ciudad. Nuestra primera impresión de Hanoi fue de una ciudad caótica pero con encanto; muy viva y con mucha personalidad. Ese día decidimos tomarlo con calma, así que preguntamos por un cine que dieran películas en inglés y fuimos andando en su búsqueda. 

El señor Pheasant (Faisán) nos cedió su habitación por unos días. 
¿Hemos ido a parar a Hanoi o a Notre Dame?

El cine en cuestión se encontraba en un centro comercial situado bastante lejos de nuestro alojamiento, por lo que nos dimos un buen paseo que nos permitió conocer la zona menos turística de la ciudad. Sin embargo, hay que decir que las zonas "guiris" de la ciudad se asemejan bastante a las que no lo son.

¡Sillas tamaño Anna para todo el mundo!
(Que se fastidien los larguiruchos)
Con la tienda a cuestas.

Durante la caminata también pudimos comprobar que no había una sola calle que no estuviera abarrotada a más no poder por un trafico demencial (aunque había cierto orden dentro del desorden y no iban a toda pastilla como en Europa). En las principales avenidas de otras ciudades asiáticas habíamos visto una gran circulación de vehículos, pero en Hanoi no había una sola calle que se librara del colapso que formaban tanto coches como motos. Lo que vimos sólo resultaba comparable a las frenéticas carreteras de Jakarta.

¡Empieza la carrera!
Edu se está quedando rezagado...
El que fabrica las banderas se estará haciendo de oro.

Pero por suerte llegamos vivos al centro comercial. Al ver la cartelera, optamos por ir a ver 'El Hobbit'. Sin embargo, la siguiente sesión no empezaba hasta el cabo de unas dos horas, y además era en 4-D (algo que hasta el momento no sabíamos que existía). Pese a que tendríamos que esperar un buen rato, decidimos comprar las entradas. 

Aunque estén en la otra punta del mundo,
los "freakies" hacen lo que sea para disfrutar de sus aficiones.

Para amenizar la espera, fuimos a dar una vuelta por el centro comercial. Acabamos en una sala recreativa en la que descubrimos un juego que causaba verdadero furor entre los usuarios de la sala. Para realizar una descripción más acorde con la realidad, diremos que, más que un juego, era un juego de masas.

El juego se desarrollaba en un gran tablero digital rectangular, de tamaño parecido a una mesa de billar. Alrededor de la mesa se congregaban los jugadores (podían haber un máximo de 10 por mesa), cada uno de los cuales manejaba uno de los cañones de láseres digitales situados en los extremos de la mesa. Con cada disparo se tenía que intentar capturar a uno de los peces que nadaban por la pantalla. Se podía regular la potencia del disparo para atrapar a peces más grandes (por ejemplo tiburones), y si lo conseguías ganabas más créditos para seguir jugando. Pero a su vez, mientras mayor fuera la potencia del disparo, más créditos gastabas.

Como véis, no era un juego de darle mucho al coco, pero nos tuvo entretenidos un buen rato; con tres euros pasamos una media hora. Y no éramos los únicos, pues había por lo menos otros cinco tableros  y todos estaban prácticamente llenos.

Para Anna, éste fue uno de los momentos de mayor felicidad del viaje.

Finalmente, tuvimos que despedirnos de nuestro querido juego para ir a una de las salas del cine, pues en breves momentos empezaría la película. Al entrar nos dieron unas gafas y... ¡A Hobbitear!

No sabíamos que dejaban entrar a gente
 con éstas pintas en los cines vietnamitas.


Al salir del cine, nos dimos prisa para volver al hostal, pues ese día nos habían dicho que había una barbacoa gratis para todos los clientes. Pero pese a que íbamos justos de tiempo, no pudimos resistirnos a volver andando y disfrutar del magnífico caos urbano de Hanoi.

Aquí aún queda espacio para montar otra fila de motos.


Nada más entrar en la callejuela en la que estaba nuestro hostal, olimos el humo que supusimos que venía de la barbacoa que nos estaba esperando. Llegamos justo cuando empezaron a circular los 'pinchitos' de carne y verduras que habían estado preparando los trabajadores del alojamiento. Aprovechamos la cena para charlar un poco con los otros clientes del lugar y saber su opinión de los lugares que nosotros aún teníamos que visitar. No tardamos en irnos a dormir, ya que aquel día nos habíamos levantado realmente pronto y estábamos agotados de tanto paseo y tan poco descanso.


Un manjar... ¡Gratis!

A la mañana siguiente nos levantamos con las pilas cargadas y fuimos directos a desayunar. Encontramos un lugar donde hacían churros, y nuestro cuerpo nos ordenó que debíamos ir allí. Aunque los churros no eran como los que comemos en casa, eran una buena imitación.

Os presento a Edu y sus amigos los churros.
¡Vaya churro de chica! 

Una vez desayunados, nos dignamos a entrar a la catedral de San José, por delante de la cual ya habíamos pasado varias veces. Lo que encontramos en el interior no era muy distinto a lo que puedes ver en una iglesia de pueblo normal y corriente. La verdad es que tan sólo los turistas orientales se demoraban allí para fijarse en todo y hacer fotos; cosa que es totalmente normal, ya que ellos no están acostumbrados a ver edificios de ese tipo. A nosotros nos recordó mucho a nuestra tierra, pues había un Belén y un gran árbol de navidad (habíamos visto muy pocos hasta entonces).

Chico, que la catedral está detrás tuyo. 
Aunque sea un poco tarde, desde Vietnam os deseamos...
¡Feliz navidad!
La verdad es que el lugar no estaba a rebosar precisamente. 
¿Dónde estará Baltasar?
¿Donde estará la gente del Belén?

Aprovechamos toda la mañana para pasear por el casco antiguo de la ciudad. De vez en cuando nos metíamos en los estrechos callejones donde los vendedores montaban sus paradas. Esas pequeñas calles eran el único lugar donde podías evadirte del tráfico que reinaba en el resto de la ciudad (aunque pasaban motos de vez en cuando). También vimos tiendas 'andantes' de ropa o comida, las cuales eran transportadas por mujeres calle arriba y calle abajo en un carro repleto de mercancía. Otro fenómeno que vimos eran los cafés vietnamintas, pues en cada calle había como mínimo tres o cuatro, y se trataban de locales con decenas de mesas y sillas de plástico de tamaño pequeño repletas de gente y vasos de té.

La típica calle de Hanoi. 
¿Os apetece algo nuevo? Pues aquí tenéis para elegir.
Los fruteros transitan por las carreteras vietnamitas
 como si de un vehículo cualquiera se tratasen. 
La tienda-móvil.
Esto si que es una calle vietnamita.
Verde que te quiero verde.
Con traje y a lo loco.

Nos encantó que una ciudad tan grande como Hanoi, de seis millones y medio de personas, fuera tan parecida a un pueblo, con sus bares, sus colmados y sus mercados. También nos dimos cuenta por primera vez de un fenómeno que se iría repitiendo por todo el país y que solo entenderíamos al final de nuestra estancia en Vietnam: las mujeres se paseaban por la calle en pijama.

Ahora, por favor, poneos en nuestra piel para comprender lo que nos ocurrió aquel día a la hora de comer. Jamón, aceite de oliva, paella, tortilla de patatas, chorizo y croquetas. Con eso fuimos las personas más felices del universo. Habíamos ido a parar a un restaurante español (que lo llevaban un español y un francés) situado en pleno centro de Hanoi. Comimos de verdadero lujo. La verdad es que el lugar nada tenía que ver con cierto restaurante de Indonesia.

Máxima emoción.
Es la hora de arrasar con todo.

Como dicta la tradición, tras comer Anna se echó una siesta y el resto de la tarde la pasamos tranquilamente entre el hostal (y el blog) y dándonos más paseos por Hanoi. Cenamos en un restaurante italiano la mar de bien (aunque nada comparado con el español). Eran tan majos que hasta nos dejaban pintar en los manteles.

Nuestra artista va dejando huella.

El día después tuvimos que dejar Hanoi para ir a encontrarnos con nuestra familia de Barcelona (habéis leído bien) en Halong, uno de los lugares emblemáticos de Vietnam. Pero esa historia la dejamos para la próxima entrada.

Y ahora, como siempre, un avance:

¿Os querréis adentrar con nosotros en la bahía de Halong?

Y también como siempre, aquí tenéis las fotos de Hanoi 23 DEC

3 comentarios:

  1. Bueno bueno...punto número 1....vais a un cine 4D y no explicáis en que consiste la "cuarta dimensión"? vibraban los asientos? El hobbit??? No había la tercera entrega? es decir, tienen el 4D pero de peli aún tienen las "viejas"?
    punto número 2..el restaurante Italiano estaba mal respecto al español seguramente sólo porqué el chef no era italiano....
    En fin...a parte estos detalles....estoy enamorado del Laos aunque Vietnam no pinta mal....no veo la hora de seguir descubriendo este país con vosotros!

    P.D. Los famoso cuentos que tenéis...me los haréis leer a vuestro regreso o puedo confiar en que me pasareis alguno antes?

    Baci!!

    Alberto

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  2. Vietnam? No habíais pasado ya por Vietnam? No me entero.

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